domingo, 24 de abril de 2011

Emigrar, Natalia, y otras importancias capitales.



Una noche dio unas vueltas por la casa,
Y no resistió la tentación de detenerse en el corredor.
A los que estaban de frente les hizo señas de guardar silencio,
Y se le acercó a Andrés Ibarra por la espalda.
Le puso una mano en cada hombro,
Como garras de rapiña,
Y preguntó:
-Dígame una cosa, primo, ¿también usted me ve cara de muerto?
Ibarra, acostumbrado a esas maneras, no se volvió a mirarlo.
-Yo no, mi general- dijo.
-Pues está ciego, o miente- dijo él.
-O estoy de espaldas- dijo Ibarra.

“El General en su Laberinto”
Gabriel García Márquez.
Editorial Sudamericana. P. 168.



“Necesito ayuda. Cualquier clase de ayuda.

Lo que tenía que suceder entre Natalia y su mamá, sucedió. La tensión que han venido acumulando entre ellas por fin estalló éste fin de semana pasado por un detalle sobre una película que estaban viendo en su casa, actividad que no reviste mayor conflicto usualmente, pero que en éste caso desembocó en gritos, insultos, y castigos para con Natalia.

Me cuenta mi niña que su mamá le dijo cosas que una madre que dice querer a su hija no diría nunca. Por ejemplo, en una misma frase incluyó ocho veces la palabra idiota… Lo anterior es una cita textual de lo que me contó mi hija.

Ayer en la mañana Natalia se quedó dormida y perdió el día de clases pues nadie se hizo cargo de ella para llevarla y hablar en la coordinación del colegio para que la autorizaran a entrar. Todo como parte de una retaliación ni se sabe a cuenta de qué.

Natalia tiene que lavarse su ropa, prepararse sus comidas, hacer sus tareas, levantarse sola en las mañanas, alistarse, y después despertar a su mamá para que le haga el favor de llevarla a clases…, y sólo tiene trece años. A veces no almuerza, sino que come cualquier tontería a la hora de la cena.

Bien, lo sé, nadie se muere de eso y finalmente las contrariedades de la vida colaboran para la forja del carácter. Sé que no es una iniquidad ni mucho menos. Lo que me enciende fuertemente las alarmas es que al comunicarle Natalia a su mamá que se viene a vivir conmigo, le fueron volteados sus argumentos de manera tal que Natalia se vio forzada a acusar a su mamá de ser una mala madre. Es decir, que no hubo ningún intento conciliatorio de parte de la mamá. Ésta le dijo que vivir con ella no era una obligación sino un privilegio, que si a Natalia le parecía que ella había sido una mala madre que era muy libre de irse a donde le diera la gana… Bueno, en fin… Eso no tiene una importancia capital, pero al culpabilizar a Natalia por lo ocurrido sembró algo que sólo el futuro dirá, y ojalá que no sea nada demasiado malo. Tal vez consiga yo un modo de ayudarla a que esa mala siembra no le cale muy hondo.

Conociendo bien al personaje en cuestión, estoy seguro de que necesitamos respaldo legal, un abogado instruido en el caso, no sé, algún tipo de defensa… Cada vez que ocurre cualquier cosa, ésta señora nos bate a todos contra el suelo porque tiene a Natalia como arma de la cual yo no me defenderé jamás…

El problema serio se presenta porque nosotros nos vamos a vivir a los Estados Unidos éste año, y en primera instancia no me puedo llevar a Natalia hasta que haya transcurrido un lapso legal. No sé que tan largo sea, pero hasta donde sé, no se puede venir de una vez con nosotros porque ella queda sujeta a mi propia visa, que tampoco ha salido aun.

Ella tendría que volver a casa de su mamá cuando yo me vaya y quedaría a merced de nuevos y renovados maltratos. Ciertamente que no son maltratos físicos, pero la vejación mental constante, puedo dar fe de ello, es horrorosa.

Tengo claro que ellas son madre e hija, que esto es un hecho indisoluble, que las relaciones con la madre siempre son un lío (en el mejor de los casos), pero yo como padre no quiero dejar a mi hija a que tenga que lidiar sola con ese tamaño problema. Tengo que apoyarla totalmente.

De hecho ya le conseguí las cajitas para que mude sus cosas para acá, esta misma tarde se las llevo, y mañana la voy a buscar para que se mude con nosotros.

Aquí ella cuenta con la solidaridad de todos, con un recibimiento para con quien llega a su casa. Esta es para nosotros una ocasión de alegría. Y es una situación que agradezco enormemente.

Lo inquietante es que no sé a qué atenerme. No sé que disposiciones legales tengo que asumir. No sé qué va a pasar cuando yo me vaya. En ese lapso en el cual tendrá que regresar con su mamá. Temo que la venganza sea horrible.

La mamá de Natalia debe tener algún tipo de problema que yo no puedo aventurar a calificar, pero es algo que la hace actuar de una manera que le hace difícil la vida a las personas que tiene alrededor. Entendiéndose perfectamente que la persona que me preocupa es mi hija. El resto ya no es de mi incumbencia afortunadamente.

En la ocasión del divorcio nuestro, con todo y que yo no ofrecí resistencia, cometió fraude con los valores del pequeño patrimonio que teníamos, botó los papeles del carro viejo que me quedó a mí y ahora es un lío porque no lo puedo vender, utilizó a Natalia de maneras indecibles…, en fin… Una persona muy extraña…

Yo, la verdad, necesito ayuda. Asesoramiento, consejo, apoyo de algún tipo… No sé si se me está poniendo otra trampa más. No la veo, pero puedo intuirlo…

Si hay algo en tus manos que puedas hacer, decir, pensar, lo que esté a tu alcance, por favor ponlo en práctica. Tal vez sea crucial para nosotros, para seguir adelante por dentro de éste espinero tan desagradable y salir con bien…

Me sirve apoyo legal, moral, intelectual, un simple espaldarazo, un “dale que tú puedes”… Lo que sea…

Gracias mil…”

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Todo lo anterior lo escribí hace cuarenta días cuando Natalia mi hija decidió venirse a vivir con nosotros aquí, en La Guachafita inconclusa. Ahora sé que es muy poco lo que puedo hacer para que podamos emigrar todos juntos. Poco no, más bien nada…

Las leyes dicen que apoyan a los menores de edad y tal vez de algún modo así sea, pero en este caso la única vía legal pasa por inhabilitar a la madre, que siendo la habilísima manipuladora que es, resulta poco menos que imposible. Ningún juez lo hará por más que ella sea adicta al Rivotril, maltrate verbalmente a Natalia, la atienda mal, y no le exprese cariño. O sea, que cualquier diligencia por mi parte choca con procedimientos que no apoyan ni mucho menos favorece a Natalia específicamente. Como tampoco apoyaría a Natalia el dejarla sin mamá, vamos a estar claros…

Afortunadamente ella sigue aquí en nuestra casa y por el momento podemos cuidarla y quererla a todo lo que damos. Podemos disfrutarla, darle montañas de cariño, y sí, por qué no, también mimarla…, pero ya sabemos que aunque vayamos a la lucha legal, perderemos todos. Natalia no emigra con nosotros hagamos lo que hagamos, por lo menos no este año.

Claro que el tiempo tiene, por decirlo de una manera, la costumbre de transcurrir. En el transcurrir del tiempo muchas circunstancias cambian, nuevos sectores de la realidad aparecen y la vida da un vuelco normalmente para donde no nos gustaría, pero si algo tenemos los seres humanos es una gran capacidad de adaptación y de superación de contrariedades. Es por ello que aunque me siento tan profundamente triste sé que no hay que desesperar. Este universo se expande, el mundo sigue girando, la vida sigue, el tiempo continúa su curso, y tal vez si sabemos esperar el viento decida soplar hacia donde queremos ir aunque sea por simple coincidencia.

Anoche conversábamos con unos amigos en una cena a la que fuimos invitados. Hablamos sobre muchas cosas relativas a la vida, al pasado, el presente…, el futuro lo tocamos poco porque es un tema nebuloso…, bueno, el pasado también lo es, pero lo parece menos porque se supone que lo tenemos fidedignamente registrado en alguna parte del cerebro y por eso pensamos que es real. En fin…, el caso es que me di cuenta de que estamos cansados, cansados a niveles de derrota. Escogimos un camino escabroso para vivirlo, y aunque lo hemos disfrutado profundamente, ya nos cansamos y queremos hacer otra cosa.

Me di cuenta de que las cosas van saliendo bien, que en su momento pude deshacerme honrosamente del carro viejo con todo y que mi ex esposa nunca quiso darme los documentos para que yo pudiera venderlo. También me deshice del velero que ya se estaba poniendo invendible. Lo compró un hombre que está haciendo una posada temática llena de restos de toda clase de botes y así el velero nuestro se convirtió en un bello adorno para su jardín… Algunas maquinas ya las hemos vendido a un amigo artesano de Barquisimeto. Mi vieja bicicleta se la cambié al mecánico por un trabajo que necesitaba nuestra camioneta… Y hasta donde vamos existe un tío interesado en quedarse con nuestra casa a condición de que la termine un poco más. Menos mal que hay tiempo aun.

En mi defensa tengo que decir que yo no decidí recorrer la vida por el lado arduo por motivos heroicos ni nada que se le parezca. Me di cuenta anoche, conversando con los amigos, que todo lo que pasó fue que no entendí bien una explicación clara que sobre la vida debí haber entendido en su momento, y al tomar mis propias riendas me dirigí hacia donde no era. Eso sí, por motivos muy loables y llenos de méritos. Eso me quedó claro.

Ingenuamente me convencí de que si yo hacía las cosas como yo creí que se hacían, obtendría exactamente lo que quería… Caramba, qué manera de equivocarse… Las cosas se hacen como se supone que deben hacerse, como se han hecho siempre, con la menor cantidad de cambios e innovaciones, con aspavientos, propaganda, fanfarria, algazara, y ruido… También como con las matemáticas y sus procedimientos, y el hecho de que si nos explican para qué sirven las entendemos muchísimo más fácil…

Pero déjenme explicar por qué. Porque no quiero que entiendan que si millones de vacas comen pasto, el pasto es el mejor alimento porque tantas vacas no pueden equivocarse… Para ello, por favor, acompáñenme en una de mis vueltas.

Estoy inequívocamente convencido de que la vida es un fenómeno colectivo, no me refiero al Perogrullo del fenómeno biológico el cual obviamente es común a todo lo que está con vida, me refiero a la parte filosófica de ella. Quiero decir con ello que desde la obviedad de las necesidades básicas, hasta los anhelos más elevados y poéticos, son los mismos en todos los seres humanos salvando sus particularidades geográficas y políticas… Esto es un descubrimiento interesante, como el del agua tibia. Y aun más interesante es que la interconexión entre las personas funciona como un intrincadísimo sistema de vasos comunicantes, y que por eso es que lo que falta aquí sobra por allá, lo que sobra por acá no se encuentra en otra parte, y que en fin, que todo lo que nos comemos nosotros no se lo está comiendo otro. Quiero decir que sí, que sólo es posible medrar en la falta de los demás, y que mientras mayor es la opulencia de unos sectores, más profunda será la pobreza de otros. Por eso el hombre es, ha sido, y será siempre, un ser guerrero e invasor.

De lo que me di cuenta anoche una vez más, es de que la vida individual es muy corta, que el único tributo que le tenemos que rendir a nuestra vida es precisamente vivirla, que una vida infeliz es una vida derrochada, una falta de respeto para con esa casualidad que hizo que en vez de piedras inertes seamos en cambio pretenciosos homínidos salvajes. Sobre todo si tomamos en cuenta que los átomos son los mismos, sólo que reunidos de otro modo…

Me di cuenta, entre otras cosas y en lo tocante a mi vida, de lo absurdo que es intentar demostrar que se puede vivir con un bajo consumo energético (y no hablamos de teorizar al respecto) que se puede vivir racionalmente, que es más, que se tiene que vivir así si queremos que la humanidad perdure y que además las diferencias sean menos profundas entre unos grupos humanos y otros. Es absurdo desde un principio. Es absurdo… Y si no me creen háganse la siguiente pregunta: ¿ayudará en algo a mi difunto bisabuelo que mi hija exista? O esta otra ¿te impide disfrutar un buen whisky creer que tal vez tus bisnietos no nazcan? Yo creo que para ambas preguntas la respuesta correcta es no sin darle muchas vueltas.

Una vez supe que la vida de unos se hacen sobre los cadáveres de otros, y que desde mi punto de vista práctico prefiero que sea mi vida, y los cadáveres sean de otros… En alguna parte de mi vida dejé entrar la idea de que en este mundo cabíamos todos, o más bien que los cadáveres de los otros bien podían ser de otros que murieran de muerte natural para dejar paso mansamente y por un profundo sentido lógico de perpetuidad de la especie, a las nuevas generaciones sin que estos tuvieran que mancharse las manos o algo así, no sé si me explico… El caso es que pensé que si uno racionalizaba los recursos, es decir, que si los repartíamos mejor seguramente habría más para todos, total, para qué quiero cinco carros y dos barcos si yo soy uno solo…

Por eso hicimos el experimento de la casa ecológica hasta ahora inconclusa. Por eso decidimos tomar un camino que no es el camino ortodoxo para vivir. Por eso nos entristecía (y aun entristece pero ya por otras razones) la mezquina visión clase media de la vida… Pero ahora me doy cuenta y doy por completo mi brazo a torcer. Los cachorros recién nacidos se pisotean compitiendo a muerte con sus hermanos por su derecho a la teta. De una camada suele morir un alto porcentaje. Mueren porque no hay leche para todos. Si cada uno bebe un poco menos de leche habría para todos, pero seguramente serían todos animalitos promedio, subdesarrollados…, nunca revelarían su potencial completo.

Ja,já…, que no somos animales dicen ustedes… Malas noticias o tal vez buenas: sí lo somos… O somos animales, o nos portamos como ellos… Es lo mismo al final…

Lo que sí es cierto es que ningún hombre debe estar al servicio de las ideas, tienen que ser las ideas las que están al servicio de las personas. Las ideas son esos modelos con los que se intenta explicar la vida. No son la vida. Téngase siempre en cuenta que para construir un modelo hay que dejar afuera tal vez más variables de las que han podido ser incluidas… Eso no es la vida, es un juego con el que se pasa la vida… La vida no se circunscribe a un laboratorio, aunque en los laboratorios haya vida, por supuesto.

Y también encuentro cierto que la vida transcurre constantemente reptando en ese estado que llaman presente continuo, y que no hay manera de esquivarla. No hay manera por más que uno se construya modelos y se ancle a ellos.

No tiene que importarme que mis hijos no conozcan aquellos pozos cristalinos de los ríos de montaña de mi niñez. No tiene que importarme que mis hijos no coman aquellos alimentos sanos que yo comí. No tiene que importarme que mis nietos lleguen a un mundo lleno de basura y profundas brechas sociales. No tiene que importarme que tal vez no haya un mundo al cual llegar cuando les toque a mis bisnietos. Digo todo esto con la mayor sinceridad, sé que suena feo, pero es cierto. Total, yo no estaré ahí, y de todas maneras la perpetuación de mis genes no son mi mayor prioridad, aunque sí, también, porque si esto de plano fuera así no me preocuparía tanto por mi hija quien al fin y al cabo lleva mis genes adelante… Qué animalito pretencioso soy…

Lo que tiene que importarme es que estoy vivo y que mientras viva debo observar ciertas reglas sencillas: que cuando se trate de cadáveres siempre sea el de otro en la medida de lo posible; no mudarme al África o más al sur en este “afavelado” tercer mundo; y al Asia, ni de paseo a menos de que sea a Shangai por el lapso justo como para hacer algún buen negocio… Por otra parte debo tender a que todo lo que aprenda sea vendible, como decían mis amigos anoche: vendible todo lo caro posible y con el mínimo esfuerzo… De hecho, sé que alguna vez convertiré todo este contratiempo en billetes de curso legal…, puedo verlo claramente ahora…

Por lo tanto, aunque emigrar en esta ocasión signifique tristemente separarme de Natalia y dejarla a merced de su mala madre un tiempo, es lo único que puedo hacer mientras adquiero un poco de orden en mi vida, mientras aprendo a pararme sobre cerros de cadáveres, mientras adquiero esa habilidad clase media de tener como única habilidad la de aprovecharse de la de los demás... Además aprovecho y hago mi mejor esfuerzo para ver si dejo de experimentar estos desengaños atroces cada vez que me doy de narices contra las paredes de concreto armado por mi propia estupidez…

O no, quién sabe… A lo mejor aprendo a disfrutar más, a dejar de pretender que hay una mejor manera de hacer las cosas, sobre todo si pretendo que es mejor para un promedio con el colectivo y no para mí y los míos ¡qué clase de imbécil! Con razón mi amigo se reía de mí ¡Ahora lo entiendo!…

Pero también puede suceder que a lo mejor el viento cambie, la marea afloje, el mar se calme… Tal vez nos suceda como al sapito que se mantuvo a flote dentro del pozo… A lo mejor más adelante pase alguna de esas cosas que escapan a mis posibilidades actuales y se dé la ocasión de que mi hija regrese con nosotros o nosotros con ella…

Pero por lo pronto está aquí y nos podemos disfrutar, máxime, si dejamos de pensar en el mañana incierto… Que hoy dure todo lo que pueda durar…

¿No?

jueves, 17 de marzo de 2011

La culpa es de la consciencia.




Al lado de la pocilga había un pocito con una tabla a cada lado
Para colocar los pies mientras hacías aguas, tanto mayores como
Menores. Eso era antes de que nuestro pueblo pasara por la
Reeducación sobre desechos colectivos. Y a partir de entonces, ya
No bastaba con entregar tu mente, tu cuerpo, y tu sangre al bien común…
¡Tenías que entregar también Tu mierda,
Igualito que los impuestos norteamericanos!

Los Cien Sentidos Secretos. P 285.
Amy Tan. Tusquets Editores, s.a. 2002



Basta de llorantina. En toda mi vida parece que no he hecho otra cosa que llorar. Lloro porque me quedo, lloro porque me voy, porque ni me voy ni me quedo, porque me quedo pero me voy… Lo dicho: Basta de llorantina…

Por la lloradera que cargamos siempre algunos, que no voy a meter aquí indiscriminadamente a toda la humanidad, es por lo que gente como Coelho y su combo escriben exitosamente (suponiendo que un montón de libros vendidos sea síntoma rotundo e inequívoco de éxito más allá del económico, y no es que no me guste el dinero, dejémoslo claro) cosas con nombres como “Quién se robó mi queso”, “El monje que vendió su Ferrari”, “La culpa es de la vaca”, y todas aquellas variantes pertinentes que al mismo tiempo me resultan tan impertinentes. Me lo resultan a mí, al que le guste, que le aproveche. No me tome a mal, le ruego.

Pero en lo que a mí concierne ya me cansé de ésta vaina. Que si piense y hágase rico…, ¡nojoda! vaya usted a saber qué tenía en mente el señor que escribió eso, pero lo que soy yo, si lo pienso mucho no me hago rico y piense usted lo que quiera pensar al respecto, naturalmente, pero estoy seguro que mientras más se lo piensa uno, menos rico se lo hace…, en fin…

Tanto lío aquí y tanto lío allá ¡Ah! ¿Te vas para el imperio? Bueno, no te va a resultar fácil. No te vayas a pensar que vas a llegar comprándote casas y yates, eso allá no es cómo aquí…, sí, yo sé que tú lo sabes, pero mi deber de amigo es advertírtelo… Já, ja…

Mira, mi amigo, yo soy tan feliz aquí como lo seré allá, o tan infeliz aquí como allá, no existe diferencia porque en todas partes se cuecen habas. Y si no me quedo es porque ya tengo cuarenta y siete años aquí y cada día es la misma vaina: salgo en la mañana con una meta que se me complica y se me complica a lo largo del día para regresar en la noche con los logros a medias porque tuve que perder parte valiosa de mi horario laboral en colas, esperas, trámites, enredos, que me redujeron la jornada a la mitad y no pude terminar lo que tenía que hacer…, y bueno, no importa, mañana termino…, pero amaneció lloviendo y así no se puede aplicar el sellador porque se pone blanco, a ver, esperemos a ver si sale el sol…, no importa, se entrega mañana…, mira, aquí está la pieza ¡Qué linda! Oye, pagamos los jueves ¡Rayos!

Nunca hallé más razón en palabras algunas como en las que dijo Vargas Llosa acerca de en qué tiempo escribir, si para vivir me hacen falta siete empleos nutricios…

Póngase a ver: ¿Cuántas horas al día se pasa uno en una cola de carros? ¿Cuántas horas te echaste hoy en el banco? ¿Cuánto tiempo te tomó hacer la declaración? ¿Fuiste al médico? ¿Y cómo estaba la cola en el supermercado? Hoy hice el mercado en veinte minutos y me demoré más de una hora en la fila para pagar porque de treinta cajas que tiene dicho establecimiento, estaban funcionando seis ¿Cuánto rato tomó buscar a los carajitos al colegio? Hoy me tardé más de cuarenta minutos ¡Ajá! ¿Y en que coño ‘e madre momento se trabaja en esta vaina? Menos mal que existe el sentido del humor ¿o será por su culpa más bien?

Cierto que tengo el peor estatus laboral de todos pues soy auto empleado. Ja, ja, sí, voy y vengo como quiero, ja, ja… Nojoda: duermo con el jefe, como con el jefe, me baño con el jefe, no me deja descansar, no me le puedo esconder al esclavista de mierda ese… Encima de que tengo que enjabonarlo y aclararlo, no hay forma de que me de un aumento de sueldo ni que le ruegue… Y de todas maneras siempre se me olvida algo, me equivoco, cometo errores, y todos son imposibles de ocultar o por lo menos escurrir… Pero ¿qué prefieres, cola de león, o cabeza de ratón?

No tengo vacaciones porque éstas constituyen doble pérdida, la que significa el gasto de las vacaciones, más lo que dejo de producir durante dicho lapso. Así que, de las vacaciones, olvídate. No se puede.

Y no se crean, en medio de mi caos he venido resultando un tipo de lo más organizado, sí, es que he aprendido a utilizar el Excel que trajo mi antiquísima y súper repotenciada computadora y ahora sé, virtualmente, a dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol…, no, mentira ¡jajá! me refería a las briznas de aserrín ¿Sabía usted que de cada tabla que uno compra más del veinte por ciento se pierde en aserrín y virutas? ¿Y que dependiendo del tipo de maderas, si tiene muchos nudos o imperfecciones, la pérdida sobrepasa el cincuenta por ciento de lo comprado? Súmele usted a la pérdida directa, o merma que también le llaman, el desgaste de máquinas y herramientas que son importadas a dólar criminal, súmele la alícuota del alquiler del local, la electricidad, los consumibles, el uso del automóvil (cuando lo puede usar y no está secuestrado por Toyota de Margarita, C.A.), los aceites, ceras, barnices, tintes, pegamentos…, en fin, todo lo que resulta carísimo de comprar (y tardado de conseguir pues se pasa uno días y días de búsqueda para perder más tiempo aun), súmele usted el tiempo perdido en bancos, ministerios y trámites varios, súmele el tiempo que se echó el hombre en reparar el caucho pinchado por pasar sobre un aluvión de escombros que dejó la última lluvia por la ausencia de la canalización de dichas aguas…

Súmele, súmele… Métale también la hora hombre diluida en tres horas hábiles al día cuando hay suerte… Súmele lo que costó el libro de facturas… Súmele, súmele… Súmele las diez unidades tributarias de multa que me encajó un policía por tener el pelo largo y el certificado médico de manejar vencido. Bueno, me paró por lo del pelo (no me cabe duda, pues tenía diez años con el pelo corto y en ese lapso nunca me paró un policía, me dejé la última tumuza de mi vida, y ¡zás! Me agarraron los pacos. Eso me pasa por viejo payaso. Viejo blin ¿eh, Marielena?), y yo colaboré teniendo la documentación incompleta…, ya saben, el caos y el ocio en confluencia.

Ahora pregunto yo ¿Cuánto vale el dichoso gaveterito ese que salió de mi esfuerzo? No señor, si quiere usted comprarlo barato cómprelo importado de la China. Contribuya usted con los sueldos de esclavitud de allá. Contribuya usted con la especulación de aquí. Contribuya usted con el malandraje y la desocupación local de allá y de aquí. Contribuya usted con el pícaro interventor de aduanas, con el recaudador, con el guardia, con el del sindicato, contribuya usted con la familia Urdemalas en pleno, todo, a costa de su país. No me joda, por mí se va usted y su mala maña al mismísimo carajo… Eh, no es con usted, es con otro usted que ya usted sabe… Y no se me confunda, que aquí el único que se va para donde señalé antes soy yo…

Dije alguna vez que ya tengo diez años aquí en esta isla horrible (linda para el visitante pero pésima para el local) y todos los días son iguales. Mi querido y admirado Cortázar dijo alguna vez que las Esperanzas son bobas, y siendo yo por lo mismo un Cronopio, no quiero ser bobo sino bailar Catala… Pero dejemos lo críptico a un lado porque éste es un problema simple, es el problema de Miguel el del Génesis de Virulo: “¿Quién dijo que el que no trabaja no come? ¿Quién dijo eso, chico? Lo que trabajas, en trabajar se te va […] menos perro, menos pulgas, más fresco, menos calol…” Entiéndase… Y tengo diez años aquí en ciclos que van de menísimos a un poco menos que casi representa un aumento por culpa de la relatividad de las cosas, pero que en lo que parece que ya es más ¡Zás! Se va para abajo en un rapto suicida, de tan menos, que me deja tan abajo como al principio…, pero un poco más viejo. Pero uno sigue pataleando como un sapo en un pozo. Porque puede ser que pase algo. Porque puede ser que la situación mejore.

Basta, que no lloro más. Me voy de aquí, y no es para Choroní…, pero sólo porque ya no estoy en edad de esas cosas.

Y me pongo a observar, se los juro por lo más sagrado que no lo hago con amargura, a los paseantes casuales y los veo con esas expresiones enigmáticas de alegría y alborozo que me deja perplejo… Llegué a pensar que a mí me faltaba ése dato, que a mí no se me daba bien eso de la perspicacia, que no estaba siendo capaz de captar las sutilezas entrañadas en el devenir telúrico de lo humano que lee las venas al salitre, toro bramante de la realidad apisonadora… En fin… ¡Jeje! Un tango…

Y traté, y busqué, y exploré, y sin querer hacer de Dr. Livingstone (I presume) ni mucho menos de Henry Morton Stanley, ahondé en el tema hasta casi volver a la cordura atravesando toda la locura y saliéndole por el otro lado con muchas ganas de quedarme allá, más bien, negándome a regresar.

Algo saqué en claro: no es la amargura la que me solucionará el problema, así que de un modo u otro (caray, que no soy tan bruto) tengo que dar con el secreto. Me le metí relancino a un librito del Paulo ese ¡No! ¡Qué va! No puedo con eso… Traté con el monje, pero es que yo ni tengo ni quiero Ferrari alguno (y no es que las uvas estén verdes ni que yo pretenda equipararme con Esopo ni con Samaniego, es que simplemente aquí no hay carreteras para Ferrari, no hay repuestos para Ferrari, no hay estacionamientos para Ferrari, y hay demasiados secuestradores para los dueños de los Ferrari. He ahí por qué, ni teniendo cómo, quisiera un Ferrari), nadie me ha robado ningún queso, y definitivamente, si lo pienso, no me hago rico…

Entonces, así, un día cualquiera, sin estar pensando en ello, sin comerlo ni beberlo, vi la luz…

Estaba sentado junto a la barra de una taguara en la que se come y se bebe, hablando con unos conocidos viendo pasar la gente ¡Allá va la Lola Flores! Comenté yo riéndome de una señora que pasó pisando con garbo. Los amigos me miraron con los ojos vacíos ¿la Lola quién? ¡Mira que allá va Asterix! ¡Y con Obelix! ¡Jajajaja! ¿Axtequién con obequééé? ¡Y Mira, Borges no era ciego después de todo! ¡Ni cejijunto! ¡Jajaja! ¡Pajúo! Me refería a Jorge Luís Borges, no a Julio Borges… ¡Tuuut! ¡Tuuuut! ¡Tuuuut! El teléfono de la mente de mi amigo sonaba ocupado… Y ¡Ojo! No estoy hablando con un metro sexual que se perfuma más que una mujer y usa más lentejuelas que una cantante de cabaret. Es un tipo empresario y bastante exitoso… Y ahí, como una epifanía apareció la verdad: ¡la consciencia! ¡Todo es culpa de la consciencia!

Claro ¿qué herramienta usa uno para concatenar los hechos de la vida? ¿Con qué se interpreta la historia? ¿Cómo se las arregla uno para extrapolar datos e imaginar el devenir? ¿Cómo es que uno puede apreciar a todas luces que el jardín del vecino es más verde que el de uno? Fácil: Porque está consciente de ello. Porque le mete cacúmen. Kokoro, diría un japonés… Es la consciencia la parte pesimista y realista del proceso mental… Sí señor…

No, la información y la cultura general tienen poco qué ver. No es necesario que un arquitecto sepa quién es Sabater ni mucho menos qué escribió dicho señor. No, realmente no es necesario. Se preguntaría Manolito el de Mafalda que de qué sirve saber que el Everest es navegable ¿eh? Pero para tener dos o tres cervezas en el pensadero y que le pase a uno por al lado una doña con salero y peinetas y no sea capaz de relacionarla con la Lola Flores, un hombre de mi misma edad y contexto, es porque tiene una capacidad de focalizarse, de centrarse, de olvidarse de lo demás y sacar su negocio adelante sin ni siquiera saber que tras varios terremotos y epidemias, los pobres haitianos están más jodidos que nunca…, los japoneses no, porque en cinco años estarán como nuevos (igualito que en Vargas con su deslave y las promesas gubernamentales ¡ja!)… Yo personalmente, lo admiro como el que más…

Cuando menciono a la consciencia no me refiero a la acepción moral de la palabra. Me refiero al nivel del gavetero de la mente en el cual trabaja ella. Es la parte del pensamiento que está activa y presente, la que es descreída y calculadora (o todo lo contrario que coño, no estoy juzgando). Porque el inconsciente es un enjambre que se mueve ni se sabe cómo ni para dónde y te da las respuestas sin el procedimiento, y es tan difícil que sólo algunas mujeres, geniales mujeres, saben usarlo con éxito… Y ni hablemos del subconsciente. Ése es un nido de inconfesables. Es mejor ni jurungarlo…

Entonces, la culpa no es de la vaca, ni Verónica decide morir, ni el monje vende el Ferrari (aunque si yo fuera el monje no dudaría en vender semejante desatino motorizado), ni si te lo piensas te harás rico ¿o sí? La verdad es que la culpa de todo la tiene la consciencia.

Pero como quiera que donde se cierra una puerta se abre una ventana, gracias a la consciencia que he tomado de lo tonto que significa pretender que si siembro una semilla de mango germine una mata de aguacates (por más que insista) es que he podido sacar en claro que Vargas Llosa tiene razón.

También tiene razón el doctor Axel Capriles cuando asegura que tanto el pícaro como el héroe (arquetípicamente hablando) son los responsables de la perpetuación de este sistema tramposo comercial que nos aprisiona y ancla en el subdesarrollo per secula seculorum.

Tanto el pícaro como el héroe son producto de una situación difícil, miserable, de escasez. Unos, los más desvalidos y con baja autoestima harán de pícaros y tramposos para sacar provechos menudos con la finalidad de saciar el hambre de hoy sin pensar en el mañana, ni mucho menos en las generaciones venideras. Otros, los más fuertes, arrojados, y más brutos tal vez, harán de héroes azotando con pillajes, violaciones, abusos, corrupción, muerte y destrucción, para lograr el poder.

Tal vez con la muerte del último tramposo junto con el último Mesías (caudillo, que no molesto a los que tienen fe) logremos salir hacia una mejor suerte como colectivo… Lo que pasa es que ¿quién tira la primera piedra?

Debo, por lo tanto, hacer mi vida un poco más eficiente para hacerla más productiva, para de éste modo, poder competir con la esclavitud en China y en el sudeste asiático. Sí, la esclavitud, el hambre, la miseria, la contaminación ambiental, la corrupción, la especulación, la amargura, y salir airoso para dejar la llorantina de una vez por todas… Y como no existe modo para lograr la utopía, eso ha de ser, en otro nivel de consciencia… En el espacio, y en el tiempo…

Pues sí.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Aldea ¿Global o local? That is the question.



“Sujeto audaz y trapisonda, mudable como su gusto,
Mentor de simples y embaucador de bellacos,
Enemigo del trabajo y apasionadísimo de su regalo,
Sagaz para descubrir su provecho y tracista para lograrlo:
Travieso, pero no punible; maleante, pero nunca criminal;
Más siempre ingenioso y siempre admirable…”

Cotarelo y Valledor (1920)
Enciclopedia Espasa Calpe, p. 1272.


Esperaba que a mi edad, es decir, que ya a los años que he (mal que bien) logrado acumular, ciertas respuestas estarían de mi lado, por aquello de que más sabe el diablo…, y todo lo demás que ya sabemos.

Temo que no presté atención suficiente cuando se me dio esa clase. Tal vez por estar pensando en que esos viejos pesimistas tan poco creativos que me decían cómo es que era la cosa no tenían ni peregrina idea de cómo es que es la vida realmente. Clase en la que se me dijo una y otra vez todo sobre el viviendo, así, en presente continuo.

En cambio me puse a elucubrar sobre lo dicho por pensadores que se me informaban como ajenos y sobre todo lejanos (porque siempre el prado del vecino…, bah, lo de siempre) firmemente convencido de que aquellos y no éstos estaban en el camino correcto.

Así fue como, tal vez, llegué a ésta edad no tan mala de la vida para darme cuenta de que éste mundo es el reino de lo ambiguo y lo contradictorio. Es decir, que los enteros son productos algebraicos y hasta logarítmicos siempre incompletos, que por más que se intenten meter en norma se salen porque para enunciar la ley forzosamente hay que dejar afuera de la ecuación datos imposibles de interpretar, y asumir las incógnitas todas las veces que se planteen hasta la obtención de ésta realidad que difiere tanto del modelo tan científicamente construido.

El párrafo anterior sólo pretende aclarar que el fenómeno de la vida filosóficamente hablando (ojo, señores biólogos que no me meto con ustedes) no es digital. ¡Ah! ¡Claro! Se puede hacer un modelito de esos también con un intrincado sin sentido binario que en verdad parece, pero más ciertamente todavía nunca se sabe si es o no es… O sea, que se sabrá alguna vez, llegado el momento, si es que hay alguien ahí de testigo y si éste consigue quien le crea.

Seguramente existen quienes aun creen en la verdad y en la mentira, en lo blanco y lo negro, en lo bueno y lo malo, en la vida y en la muerte (y ya me dirán que uno está vivo o está muerto, y sí, pero el punto de vista que ahí priva es el de la propiedad privada, porque tal vez yo me muera, pero en mi cadáver seguirá pululando la vida, la de multiplicidad de bichitos espero) ¡Existen maniqueos! ¡Sí, aun hoy!, o como yo: cínicos esperanzados en defensa propia. Lo necesario como para no morir de desengaño cada día.

Resulta incomprensible la utilidad del concepto krishnamurtiano de la aldea global, viendo hoy en día cómo aun con toda la masificación de la información y la vastedad con la que se publican los efectos de la destrucción concienzuda que de todo se hace, no se logra ver que en efecto la aldea es nuestro globo. Quiero decir que echarle la basura al vecino no aleja en nada dicha basura de nuestra casa.

Y en un mismo orden de ideas, si yo le rompo el alma a cada vecino (el tercermundista minero y agricultor, por ejemplo) para crear mi fortuna y en efecto lo consigo, cuando yo muera, mis hijos heredaran unas riquezas en especies de odios sumamente estériles. Y dificulto que de seguir ellos mi línea logren tener mis nietos qué llevarse a la boca más que ensaladas de billetes con tropezones de monedas, para ese entonces ya no de curso, ni legal, ni ilegal.

En efecto ¡qué coño importa! Lo esencial aquí es que mi inmensa, innecesaria, y a todas luces injustificada camionetota no me la quiten en un “Secuestro Express”… Ni, claro, no le quiten el iPod o Blackberry mortal a mi hija ni le den un mal golpe en el ojo derecho para ello…

Pero todo al final es hijo de la mentira y el engaño, la trapacería y el agavillamiento, la trácala y el oprobio, la humillación y el asalto… Hampones, maulas, ladrones, malandros, abigeos, agiotistas, mangantes, tunantes, salteadores, y más nombres que no me vienen a la memoria son los que usan de apellido desde los ministros hasta los pordioseros. Así, las razas superiores serían las que llegan a asesinos, matones, sicarios, y en general todo aquel que quita más vidas de las que da.

Esto tiene su lado bueno, si se quiere ver, porque claro, está también el control demográfico que no es causa baladí.

Los buenos no existen (o no existimos, pues tengo por obligatoriedad que incluirme entre los inexistentes como prueba fehaciente de nuestra inexistencia porque al fin y al cabo dos negativos se suman, lógicamente) porque sencillamente, y por culpa de la relatividad de las cosas, siempre serán malos para alguien. O como dice Jostein Gaarder, hacen el comodín de la baraja.

No se trata de ver la razón o la falta de ella aquí, ni en ninguna otra parte. La razón es veleidosa y en nada coincide con la realidad. Es una invención más, calenturienta y acomodaticia, del intelecto humano. La razón siempre está de parte del vencedor, del que puede pagarla, del que ha sido bien alimentado, formado, educado, e instruido, a fondo, en cómo usarla para sus fines sean los que sean. Y de nada vale al final tenerla o dejarla de tener, si median uno o dos garrotazos bien dados, acomodados, y recibidos, en su justo valor. Por supuesto.

Entonces giramos la cabeza con cierto asqueo mediante, cerramos los ojos a todos los despojos y miserias para poder dedicarnos concienzuda y obsesivamente a nuestra microscópica aldea local: Mamá, Papá, Nené, y Nenas.

Nos encerramos dentro de ella bien sea haciendo pan en La Azulita, o una casa “ecológica” en la isla Margarita, y transcurrimos un lapso dentro del cual nos deterioramos, nos desfasamos, y perdemos más terreno aun frente a la chapucería, la chanflonería, la incultura, y el desprecio que existe a todo nivel por las personas preparadas que tal vez tendrían en sus manos posponer la hecatombe social.

Si aun con todo esto bien sabido logramos aislarnos tendremos que recurrir a los usos del medioevo porque no hay carro que marche sin gasolina ni repuestos cuando los requieren, no hay luz eléctrica que se pague con berenjenas, ni neveras que enfríen sin gases flourocarbonados (aquí en el tercer mundo como no sea a costas de más empobrecimientos y trapacerías miopes), por decir cualquier ejemplo a tontas y locas.

Pero ¡cuidado! No caigamos en la visión dualista de la vida, porque acabamos de asegurar que blanco y negro no existe y aun no hemos cambiado de opinión (tan hijos de la contradicción cómo somos). No. Puede haber una amalgama hasta psicodélica tal vez (pero no exageremos hoy) en la que se obtenga algo parecido al manido slogan de “vivir localmente pensando globalmente”, o algo del género. Puede ser.

El mono oportunista (por ésta vez sin alusiones raciales) se bajó del árbol en el que tan seguro comía su fruta porque ésta escaseó largamente y ya la esperanza no le engordaba la prole. En medio de su mal humor por culpa del hambre tuvo a tiro una lagartija y se la echó al coleto (que dicho de modo local quiere decir que se la zampó, se la comió, la engulló). Estoy seguro que fue una revelación de orden mayor, una epifanía, y el monito simpático y payaso se preguntó que cómo era que había vivido tanto sin darse un banquete así… Se dispuso pues a mejorar sus técnicas de cacería, enseñó a sus hijos y al resto del clan. Algunos, que hoy día duermen el larguísimo sueño de la extinción, le hicieron ascos a las lagartijas y terminaron poéticamente mal por aquello de que no tenían éxito frente a las necesidades de apareo por debiluchos (para que no me digan sesgado). Otros, que aun hoy dominan, aprendieron rápido que otros animales tienen más carne y se cazan con relativa mayor seguridad sobre todo si se les da con un palo en la cabeza o codillo, y mejor aun si a ese palo se le inserta una piedra afilada en la punta, y más aun si luego se pone la carne sobre esa cosa caliente que algunos llaman fuego.

Si nos fijamos en que el origen de la humanidad pudo haber tenido un inicio exitoso por la vía de la aldea local, también podemos ver que fue la masificación del conocimiento y la tecnología lo que perpetuó dicho éxito. Es decir, de lo local, a lo global. Pero tenían un secreto para no echar a perder su mundo con sus actividades depredadoras inherentes a la condición humana salida de un monito oportunista. Ya hablaremos de eso, si nos provoca y hay Quórum.

El éxito de la humanidad tuvo mucho qué ver con el asentamiento de clanes que en un principio defendía un conocimiento, una tecnología, una habilidad. He ahí (indudablemente) el germen del racismo, del clasismo, de las castas, y de toda la guirnalda de atrocidad que adorna el devenir humano. Porque a éste mundo se lo llevó el diablo desde que es mundo éste mundo, o ¿no? ¿Quién recuerda un par de textos de Voltaire por ejemplo? Pero ¡ajá! Existe un pero…, en la época de María Castañas la información era patrimonio de unos pocos, y aunque el mundo iba de la patada, éramos menos (éste es parte del secreto que tenían los hombres en la edad de piedra), y nos mermaban hambrunas y pestes, además de que al planeta le daba por invertir la polaridad, por organizar glaciaciones, por dejar caer diluvios (unos lo llaman ira de dios, y yo estoy pensando que esa ira la sentiría dios contra sí mismo por habérsele escapado una creación tan destructiva como lo es el ser humano), por prodigar erupciones volcánicas y terremotos, en fin, por tantos fenómenos naturales que mantenían a raya al comején humano. Y por otra parte los mismos comejenes humanos no manteníamos a raya utilizando las guerras santas, las conquistas, las cruzadas esas, las misiones evangelizadoras…

Lo difícil de comprender es que si sabemos que romperlo todo nos dejará a todos como los monitos puristas que no quisieron comer batracios, por qué seguimos haciendo desastres. Buena pregunta. No tengo respuesta a eso, porque no es que no se sepa, si hasta en Hollywood hacen negocio con ésta información. Creo que es inconsciencia auto infligida. Sí, es una acusación grave. No es homicidio culposo. Es genocidio con premeditación y alevosía con dos o tres agravantes que aburren por lo manoseados. Ya son lugares comunes.

En éste país por ejemplo tenemos un sistema de gobierno (le digo así porque así se llama, no porque lo sea) que no funciona. No funciona y punto. No funciona porque está basado en ideas románticas (en el mejor de los casos) que han probado una y mil veces que no operan como no sea bajo la presión ejercida entre el aislamiento y una poderosa represión terriblemente localista, y no es el caso. Se han venido formando mafias para todo, que medran a su antojo a la sombra cómoda del desgobierno. La administración no existe. El personal preparado está relegado a una segunda fila desde la cual (por mística, romanticismo, o auto engaño) intentan desesperadamente (y sin paga) preparar a los que están en primera fila cometiendo desmanes pardos de todo tipo (de todo tipo en verdad) y llenando sus arcas (cuentas en el exterior) a espaldas de la figura principal que terminará indefectiblemente como Juana de Arco por ser un pardo que ostenta su pardaje pero que quiere ser blanco, que gobierna un país pardo lleno de pardos que queremos ser blancos. Tal vez si lográramos enorgullecernos del carácter de pardo… Pero no, porque todo lo importado es lo que realmente vale incluyendo la comida importada por la petrolera de cuanto país se preste para las marañitas. El problema está ahí: es un gobierno del pueblo y para el pueblo. Lo que pasa es que el pueblo quiere ser gobierno para dejar de ser pueblo y llegar a ser blancos dominantes. O matones, como vimos más arriba.

Tratemos de ver el párrafo anterior con la terminología desprovista de la emotividad del insulto. Intentemos verlo como una descripción técnica utilizando la chocante terminología racial que conocemos bien.

En serio que es bonito ver una y otra vez al bobo de la cuadra llevarse su pelota cuando pierde su equipo o no lo dejan jugar. Es bonito verlo una y otra vez porque aprendemos de ello. Tanto, que estoy seguro que en la cuadra en la que vivía Einstein, había un bobo de tal calaña y dueño de la pelota. Sí, señoras y señores, amigos todos…, El bobo de la pelota es un personaje local que se sabe en desventaja pero que logra su inserción en el clan porque dicho clan quiere jugar a la pelota. El clan lo saluda, lo vitorea, le da la razón, no lo llama por su sobrenombre alias ni remoquete, hasta que se anima a sacar la pelota. Desde el momento en el que la pelota entra en juego la popularidad del bobo de la pelota cae en picado hasta el momento en el que es dejado de lado con desprecio y él, humillado y ofendido, se lleva la pelota a su casa y hay que inventar un nuevo juego… Bueno, tarde o temprano a alguien le regalan una pelota (no de tan buena calidad como la del bobo, pero sirve) y ahí sí que se jodió el bobo porque su popularidad sólo reflotará cuando se rompa la pelota de mala calidad que ahora anda en juego… Cierto dirigente debería verse en ese espejo, digo yo. Pero no hace falta ahondar en ésta parte. Es demasiado local.

El párrafo anterior sólo figura ahí para ilustrar el movimiento de lo global a lo local, y un segundo movimiento que va de lo local a lo global otra vez porque no existe un motor más poderoso que el descontento… ¡Eh! Cierto que ya se ha dicho y con razón que es el amor el mayor motor y el más poderoso, pero el descontento entra dentro del campo algebraico del amor indudablemente. Claro, está el amor con todas sus vertientes de contento, con su magnetismo mineral, con su exorcismo de la entropía. Y está el desamor con sus vertientes de descontento, con sus polaridades en posición de rechazo, y con la entropía misma como aliada. Por lo tanto, el descontento entra en la ecuación con un poder inmenso por vía doble: porque impele el cambio, el movimiento, de menos a más en pos de una mejoría por amor al clan…, muy relativamente hablando si me logro explicar, además de localista hacia globalizado.

Y es que si un individuo, clan, o sociedad, no logra el contento, tenderá a moverse hacia el contento con una fuerza histórica imparable. E indudablemente, mientras mayor sea el diferencial de potencial acumulado más brusco será dicho movimiento. Será como presionar un resorte y soltarlo de golpe.

Digo que la vida no es digital. Por lo mismo se deduce que es más o menos analógica. Lo que significa que los diferentes componentes de ella tendrían que ser recorridos no en cuantos, sino por medio de una oscilación tal vez pendular, pero no de péndulo simple. Se me ocurre aquí que la vida transcurriría como un péndulo de un sismógrafo, o el de Focault quizás… No sé, tengo que pulir eso.

Y es que sí, el movimiento debería llevarnos por parajes de la vida, que algunos habrán de ser globales (tratando de que nuestras acciones repercutan más positivamente, con toda la falta de objetividad debida, en una mayor cantidad de gente), otros serán locales lógicamente al comprobar que la humanidad es una mierda en proporciones alarmante razón que nos llevará a transitar el nihilismo sin dudarlo (y del nihilismo a la voluntad de poder y de ahí a la anarquía mal concebida, porque es que la hay bien concebida pero infuncional por utópica, y de ahí a lo que tenemos hoy en éste país tan desafortunado), y nuevamente a una globalidad menos irracional con menor cantidad de mesianismo que se irá moviendo en círculos centrípetos concéntricos hacia (invariablemente) una nueva localidad (desengaño mediante), que a su vez se moverá hacia otra globalidad con tintes locales o en distinta localidad, o lo que sea que resulte, pero siempre en movimiento.

Porque el secreto de los humanos de la edad de piedra es: pocos y nómadas. Como los gitanos. Como los nativos de las selvas húmedas. Como los Tuaregs. Como los bosquimanos del Kalahari.

Pero ¿estamos dispuestos a sacrificar nuestra quinta en urbanización cerrada? ¿Y nuestro poderosísimo automóvil con diez cilindros, 800HP, 320kph (para correrlos en carreteras llenas de huecos y asaltantes de caminos), y teléfono móvil ambiental? ¿Y dónde me dejas las tetas de goma y el bótox? ¿Estamos dispuestos a volvernos nómadas y pocos para salvarnos? ¿Y de quedarnos sin glamour? No, no, no, y no… Para eso están los buenos, los puristas que se niegan a comer batracios. Que se muden ellos y nos dejen aquí tranquilos y bien vestidos, acabando con todo…

Bueno, me precio y enorgullezco de ser un purista refractario al progreso indiscriminado, de carecer casi por completo del sentido práctico de la vida, de hacerle ascos a los batracios (no a todos), y de ser un individuo incómodo en más de un círculo social situación que de paso me divierte un poco.

Me sé cínico (esperanzado) y por ello infantil. Pero también me sé lúcido y ágil (y sin abuelita). Y aunque tengo tanto miedo como el que más, sé que en el movimiento, en la perpetuidad del cambio, en la flexibilidad y buena disposición para lograrlo (aunque me incomode lo indecible), en poder pasar por los infinitos estadios de lo global y de lo local, y luego al revés la mayor cantidad de veces, está mi mejor garantía de perpetuidad. Mi no extinción. Porque lo que soy yo, no me comeré nunca un sapo. Una rana tal vez, a condición de que sean sólo sus ancas.

Por eso cada vez voy más convencido de que de lo global y abstracto, a lo local concreto, no hay sino una interpretación, pues como lo estoy viendo, ésta localidad cada vez se me desdibuja más.

Es tiempo del péndulo.

sábado, 15 de enero de 2011

Óscar Guzmán nos explica exhaustivamente su gran aventura.

“Los rayos catódicos son
Doña Isabel y Don Felipe
De España…
Son ángulos los que caminan
Dormidos…”.

-Mario Moreno Cantinflas.

“Para mí nada es definitivamente
Mientras que no lo sea”

-Ruyío.

“… Ni lo uno ni lo otro,
Sino todo lo contrario…”

-Carlos Andrés Pérez Rodríguez.



-Coloque su mano izquierda sobre la Biblia y levante su mano derecha.

-¿Jura decir la verdad y solamente la verdad?

-¡Lo juro! Y ponga cuidado que se le está saliendo la goma (gum, gun)

-¿Qué dijo usted?

-¡La goma, la goma, pum, pum, que se le cae!

-Ah, la pistola! Gracias a usted! (ah, the gun! Thanks you!)

-¡Es usted bienvenido, amigo mío!

-¡Diga su nombre!

-Óscar Pancracio Guzmán Rebolledo.

-¿Puede usted decirnos, señor Riboulirou, a los presentes qué fue lo que ocurrió la noche de marzo veintiuno de éste año?

-¡yes, clear, His Majestic the horrible mister Fudge!

-Your highness, the honorable mister Judge!

-¡Señor Guzmán! Si me hace el favor, y ¡Gracias a usted, pero no! The same thing it is not a trap. You call me Riboulirou, and I say to you as I can… (lo que es igual no es trampa, usted me llama Riboulirou, y yo le digo a usted como yo pueda). Mejor le sigo contando: fue esa noche precisamente la celebración del equinoccio, o más bien la entrada de la primavera…, porque antiguamente, en la época de la paganidad, se celebraba entonces que se acababa el invierno y comenzaba el verano… Y es que esto es realmente digno de celebrarse si piensa usted que en esos tiempos no existía ni el jersey ni el banlón, y que por fuerza se pasaba the cold that plays with a big stick (el frío que juega garrote), pero ahora, con éstos géneros modernos (modern genders), sin alusiones impropias…, uno está calientito aunque igualmente que se acabe tanta nieve que trae este fenómeno de niña y que por fin empiece a calentar, usted me dirá…, usted sabe que…

-No, señor Asca Pan-crazy-o Gazzmann Riboulirou, céntrese en los sucesos ocurridos en la tienda en la que usted trabaja, por favor.

-Claro, Su Majestad horrible señor Fudge…

-Your highness the honorable mister Judge…

-Usted empezó…

-Siga adelante, por favor.

-¡Precisamente! ¡the same thing i am saying to you! Pero para allá iba, no me interrumpa tanto por favor…, lo que pasa es que por culpa de estos cambios climáticos debido a que el sol está en una posición determinada en lo alto del firmamento (higher at the signaturing), la gente se pone un poco loca, y los muchachos con pistolas mas grandes que sus cerebros (the kids who have guns bigger than there brains) tienden a cometer locuras. Fíjese usted, Su Majestad horrible señor Fudge…

-Your highness the honorable mister Judge! Si continúa en la falta de respeto lo encarcelaré por desacato!

-¡Caramba! ¡qué cosas dice! Mejor dejemos eso para después y permítame por favor continuar mi reporte… Le decía que entraron en la tienda estos tres muchachos quienes tienen las pistolas más grandes que sus cerebros a cometer actos de los que después se iban a arrepentir…, si es que se ve a la legua (you can see this at the to’gue) que son buenos muchachos que tienen las pistolas más grandes que sus cerebros, pero ¿qué va usted a hacerle? ¿va usted a matarles? ¡hay que dejarles! (what do you will do to them? You will kill ‘em? You have to leave ‘em!) Yo los vi rápido porque mi Amo señor el Dueño (my master mister owner) puso cara de haber visto un espanto y se metió corriendo en su nido con ventana blindada y se puso como loco a llamar por teléfono…, y eso que no era la hora en la que llama a las chicas hermosas y atractivas de las voces aterciopeladas (0-800-porn)…, por eso fue que yo volteé rápido y vi a los muchachos con sus pequeños cerebros y grandes pistolas que venían hacia mí… Pero yo estaba atendiendo a la señora Fat Bitter (Pat Peters) y como a ella no le gusta que uno se distraiga mientras la atiende les pedí que esperaran su turno y que con gusto les atendería…, indicación que tuvieron que acatar pues en este país se respeta primero que nada la mentira (law, lie)..

-Por favor, señor Asca Gazzmann Riboulirou, hable usted más claro que no le estamos entendiendo del todo ¿solicita usted los servicios de un traductor (translater)?

-Gracias, Su Majestad horrible señor Fudge… But is badness that the little Chicken says pio pio because the hen doesn’t have tits…

-Your highness… what did you say? olvídelo, mejor siga usted…

-Sí, seguiré con usted pero antes de trasladarnos vamos a terminar aquí. Usted sabe, primero la mentira (law, lie), después los viajes y traslados (trips and translates).

-Your higness! La clara intención de éste hombre es la de confundirnos con una palabrería imposible de entender y ganar el juicio haciendo dudar al jurado…

-Protesto, your highness!

-Déjela, déjela usted señor atornillado (attorney), que miss liar (lawyer) se ve muy bien cuando se enoja, y mire usted que bien le luce el sweet (suit)…

-A lugar! Miss lawyer, no confunda más!

-Your higness! El acusado me ha faltado el respeto!

-His Majestic the horrible mister fudge! Si no me dejan de interrumpir jamás terminaremos de descubrir qué es lo que pasa aquí, y no podrá triunfar la mentira (the law, the lie).

Óscar Guzmán era un hombrecito bajo, enjuto, muy serio y formal, amable, con esa amabilidad grave que se adquiere con el oficio. Frente amplia, nariz aguileña, mirada penetrante, rectitud y bondad en el proceder… Un hombre de piel morena, cuello muy corto, cabellos negros lisos y lustrosos que siempre llevaba cortado al estilo de los años setenta (lo cual exageraba lo corto de su cuello además de su ademán de quien sufre de artritis cervical), con las grandes patillas y peinado con la carrera a un lado. Estaba en la cincuentena, es decir, en la flor de la edad. Un hombrecito vestido siempre de pantalones que le quedaban cortos por encima de los tobillos y chaleco negro que no le llegaba a la cintura y de tela sintética, una camisa blanca si estaba trabajando, o roja, o mostaza, o de bacterias…, y las medias a juego. Se le subían los pantalones casi hasta las costillas por culpa de los tirantes, circunstancia que lo hacía lucir más o menos como un torero de luto… Y en invierno, un cardigan y una boina con visera. Óscar Guzmán nunca faltó a un sólo día de trabajo, fuera en su Caracas natal, o ahora, en Cincinnati Ohio…

Pero dejemos que sea él quien siga echando su cuento…

Toda la confusión causada por los gritos destemplados de la abogada acusadora que reclamaba una supuesta falta de respeto, las tímidas intervenciones del abogado defensor de oficio, los intentos del juez por imponer el orden, no hicieron sino exacerbar la verborrea de Óscar Guzmán quien humildemente, pero con la autoridad que se adquiere forzosamente por haber sido el mesonero principal del Palacio de la Pasta en la avenida Baralt de Truco a Balconcito, solicitó y obtuvo el orden…

-Yo no sé por qué estoy aquí, pero sospecho que estamos por hacer valer la mentira (the lie, law) así que escúchenme, por favor: ¡oído al tambor! (ear to the drum!)

-Puede seguir adelante usted, señor acusado. Pero no se vaya a poner a tocar el tambor!

-Gracias su majestad horrible señor fudge. Pero yo no juego con tambores (play drums)

-Les decía que los muchachos con aquellas pistolas más grandes que sus cerebros tuvieron que esperar su turno no muy contentos a juzgar por los gritos y rugidos que daban, pero aquí no hay protesta que valga ¡en turno de llegada se les atenderá, señores! Tenían que esperar porque después de la señora Fat Bitter (Pat Peters) que ya metía su compra en las bolsas, estaba la señora Mariada (Mary Fairy) que sólo llevaba leche para su niño que no paraba de llorar… Después de ella era que le tocaba a ellos, y fue cuando me informaron que era un atraco… Yo les dije que no, que si no les gustaban nuestros precios que se fueran a comprar en otro almacén, que en éste país había libertad de mercado y eso significaba que uno podía vender al precio que quisiera y que usted podía escoger con libertad el mercado al cual iría a comprar, que enseñando pistolas no era como se obtenían los descuentos, y que yo no iba a correr el riesgo de perder mi trabajo desde el cual llevaba el pan a mi mesa todos los días (i take the bread to my table every day) por una crítica hecha por unos muchachos tan maleducados, que estaban en la tienda equivocada del país equivocado y frío, que aquí se respeta la mentira, honestamente, que si no ven CSI Miami, que así se pierde y se congela, la vida…, que allá se ganaba muy poquito y aquí los hoteles buenos son caros, claro que no tan caros como allá…, que se fueran a sur América, que allá hay países calientes que no conocen la mentira, en los que es muy fácil vivir con unos cerebros tan pequeños y unas pistolas tan grandes (pero que éstas me las iba a quedar yo mientras venían sus padres a retirarlas ¿saben sus padres dónde están ustedes ahora?)… pero como no me entendían, ya les dije que tienen las pistolas más grandes que sus cerebros, cerré la caja como siempre me dice que lo haga mi master mister owner y me dispuse a hacerles un dibujito en el empañado del vidrio de la puerta de entrada, porque todavía hace frío con todo y el equinoccio y el fenómeno éste de niña y el vidrio se pone nublado y es un fastidio porque hay que limpiarlo todo el tiempo pero resulta muy bueno para dibujar y ya sabe usted que dibujando es que se entiende la gente, para indicarles dónde estábamos, y a dónde debían ir ellos a ejercer ese oficio sin peligro de morir congelados odiados por la mentira... Yo les preguntaba a cada nada (y asked to each nothing) si me estaban entendiendo, pero ellos con cara de lobotomizados (wolftomized) no daban signos de estar presentes. Para mí que estaban preocupados o algo por tan grande error (o estaban chateando por sus blackberrys) y las nuevas posibilidades que se les abrían por delante con esto de hacerse internacionales –ni que fueran Magallanes o Colón, o Walter Raleigh… Para cuando llegaron los respetables representantes de la mentira en sus vistosamente iluminados vehículos (gay illuminated vehicles), ya los muchachos de las pistolas más grandes que sus cerebros se habían ido con nuevos horizontes espero yo, y yo estaba intentando cobrarle la leche, porque ese es mi trabajo, a la señora Mariada (Mary Fairy) que lloraba más que su niño y me miraba como si las pistolas que yo tenía aun en mi poder fueran serpientes o fantasmas, o peor, una devaluación del dólar… Llegaron los respetables representantes de la mentira, me pidieron muy amablemente que les diera las gomas, yo no les entendí pero como las pistolas me pesaban ya se las di para que se entendieran ellos con los padres de los muchachos cuyas pistolas son más grandes que sus cerebros…, y me hicieron muchas preguntas sin llegar a la cuestión (to make many questions without arrive to the question), hablaron con las dos señoras presentes, convencieron a mi amo el señor dueño de que saliera de su nido, salió tan sudado como siempre lo hace después de hablar largamente con las chicas hermosas de las voces aterciopeladas (0-800-porn) y hablaron con él, pasó un buen rato, y nos pidieron que fuéramos a casa pero que no saliéramos de la ciudad… Eso fue lo que pasó…

-¿Alguna otra pregunta?

-No, su señoría.

-Puede usted bajar del estrado, señor Asca-Gazzmann-Riboulirou…

-Gracias, mi estimado… eh…, su majestad, señor horrible, señor fudge…, y me disculpa, I know when i emotion to myself i talk more that I was vaccinated with the pick up needle…

-Su señoría… Y váyase a sentar en su puesto… Calladito, si me hace usted el favor… La aguja del qué?

-Ah? Ah! Pick up, gramophon…, you know…

-Sí, sí, sí, gracias, gracias… I guess… Señor teniente, por favor, suba al estrado!

-Ponga su mano izquierda sobre la biblia y levante la mano derecha.

-¿Jura decir la verdad y nada más que la verdad?

-¡Lo juro!

-Por favor, diga su nombre.

-Lieutenant Gordon Black.

-Por favor detalle usted lo sucedido con el acusado.

-Your highness, la noche en cuestión, marzo 21, fuimos llamados para atender una emergencia por robo en la tienda en la que trabaja el acusado. Acudimos para encontrar dos señoras muy asustadas, al dueño encerrado en su oficina, y al señor Asca-Gazzmann-Riboulirou en posesión de las armas que tiene la abogada acusadora sobre su escritorio. Hicimos las preguntas de rigor, y dejamos ir a todo el mundo a sus casas pues no se había perpetrado el robo… Aparentemente el señor acusado aquí presente ya había disuadido a los ladrones por lo del robo, convencido de que se fueran, y además los había desarmado.

-¿Trata usted de decir, Lieutenant Black, que el señor Gazzmann-Riboulirou es un héroe? ¿No le pareció sospechoso que el señor Riboulirou tuviera en su poder tres pistolas?

-No lo sé, señorita abogada acusadora, la verdad es que yo no sé qué decir sobre el señor acusado. Y en cuanto a las pistolas ¿ha oído hablar usted de la segunda enmienda?

-¿Pretende usted que no conozco nuestra constitución?

-No pretenda usted enseñarme a mí a hacer mi trabajo y estamos a mano.

-¿Pretende decirnos, Lieutenant Black, que el intento de robo no fue ejecutado por una banda de la cual forma parte el señor acusado?

-No hay sólidos indicios de eso. Todo es menos que circunstancial…

-¿Pretende usted que le creamos, Lieutenant Black, que el señor Riboulirou desarmó a tres peligrosos ladrones inocentemente? ¡Eso es una falta de respeto a nuestras inteligencias!

-Parece que no son sujetos peligrosos. Más bien unos novatos.

-¿Y qué me dice, Lieutenant Black, del complicado plano de la ciudad que el acusado dibujó en el vidrio de la puerta para explicar el sitio que debían haber robado en vez de ese?

-Verá usted, la verdad es que nadie entendió lo que el señor Riboulirou le explicaba a los atracadores frustrados. Se hicieron los estudios forenses y los análisis debidos, y en el vidrio parece haber una extraña coincidencia entre las formas de un rudimentario mapa del norte de sur América y un plano del sur de Ohio River entre Covington y Newport, donde Covington vendría a ser Colombia, y Newport Brasil… Todo muy vago, si lo quiere usted ver…

-¡Esto es totalmente enfermo (insane)! No me parece que su oficina se esté tomando muy en serio su trabajo…, Lieutenant Black…

-Mire, señorita abogada, con el debido respeto, yo fui con mi compañera a casa del señor Riboulirou a investigar y no encontramos nada que indique que el señor es un delincuente… En realidad no sé qué es el señor, ni cómo interpretar lo que encontramos allá pero se lo puedo referir aunque todo consta en el informe, para que ustedes mismos se hagan una idea.

-Sí, por favor, hágalo usted.

-Gracias, your highness… Al día siguiente de los hechos nos dirigimos mi compañera la teniente Sue Tyler y yo, a casa del señor Gazzmann. Llegamos allá y nos hizo pasar a su cobertizo pues la señora Riboulirou acababa de encerar el piso y según nos explicó el mismo señor Gazzmann, ella se molesta mucho, descontroladamente (completly out of herself, según las palabras del propio señor Riboulirou) cuando le pisan el trabajo del día, que debe ser algo con repollo… Pasamos al cobertizo de mierda (shit shed, según Riboulirou, es decir, mister Gazzmann) porque hacía mucha ala y ésta estaba fría (a very cold wing). Al dicho cobertizo se le entra por una escalera que sube a su techo donde hay un jardín que él llama Al Jerrau y después, a través de una trampilla practicada en él, se baja por otra escalera al interior del cobertizo…, exactamente: no tiene puerta exterior…, el señor Riboulirou bajó primero para encender las luces, y cuando mi compañera y yo veníamos bajando por las escaleras, él, nos había pedido que nos detuviéramos un momento para tomarnos una foto (to drink a photo)… Entramos en un lugar decorado como un salón de escuela, con algo escrito en el pizarrón, pero sin sillas… La verdad es que ahí seguía haciendo mucho frío y el señor Gazzmann nos pidió amablemente el favor de que bajáramos al sótano del cobertizo mierda (shit shed Basement), que allí hacía menos frío pues no llegaba el ala (minus cold because the wing don’t reach us)… Abrió otra trampilla y bajamos otra escalera igual pero más pequeña. Él había bajado antes, encendió las luces, y mientra bajábamos nosotros nos pidió que tomáramos otra foto… El dicho sótano era exactamente igual que el superior, pero mucho más pequeño. Inclusive en el pizarrón estaban escritas las mismas palabras que en el de arriba, pero más pequeñas… Ahí también hacía mucho frío y el señor Riboulirou nos pidió que bajáramos a otro sótano exactamente igual, pero como se adivinará, mucho más pequeño…, él había bajado antes, prendido luces, y nos pidió que tomáramos otra foto… Esto se repitió dos veces más… Un salón al que se le entra por el techo con cuatro sótanos debajo, exactamente iguales, pero cada vez más pequeños. Cada vez, una foto…, ahí están las mencionadas fotos consignadas junto con el informe…

-Sí, son estas fotos desquiciadas en las que su compañera y usted se ven cada vez más grandes…, ya me preguntaba yo cómo se había logrado el efecto…

-¡En efecto, su señoría! Y ¿sabe usted qué explicación me dio el señor Gazzmann de esto?

-No tengo idea, pero usted me lo va a decir, igual que las palabras escritas en el pizarrón cada vez más pequeño.

-¡Eso es irrelevante, su señoría!

-Tiene usted razón, señorita abogada… Pero me parece importante para establecer el perfil de la personalidad del acusado.

-Díganos usted, señor teniente díganos lo que le explicó el señor Riboulirou, y qué palabras había en los sucesivos y cada vez más pequeños pizarrones…

-Seguro, su señoría. En el pizarrón habían nueve palabras en dos grupos: “more deep, more true, more little”…, y, abajo: “drawing people understanding”…, no entiendo el sentido… Y la explicación de esas excavaciones hablaba sobre un viaje al centro del grano (traveling to the center of the grain, pero yo creo que quería decir ground por Earth, no sé)… Yo tampoco entendí…, pero la verdad no me animé a pedir más explicaciones ya que mister Asca-Gazzmann hablaba más y más sobre su pasatiempo: investigación sobre unos programas de computadora que se llamaban adobe reader, tapia draw, y un impronunciable bahareque shop, que debe ser linus o algo así…, pero yo le entendía cada vez menos y comenzaba a marearme…, sobre todo con algo sobre la aguja de un gramófono que tampoco entendí…

-Muy bien señor teniente, tranquilícese usted, tómeselo con calma… Señorita abogada acusadora ¿quiere preguntar algo más?

-No, su señoría, la fiscalía ha terminado el interrogatorio.

-¿Abogado defensor?

-No, su señoría… eh…, gracias…

-Señores, pueden proceder a efectuar sus discursos de cierre. Señorita abogada acusadora…

-Gracias su señoría…: señores del jurado, este es un claro caso de complicidad en un intento fallido de atraco. El señor Asca-Gazzmann Riboulirou, aquí presente es obviamente el cerebro de la banda –¡fíjense en qué maestría para enredar y confundir!- Obviamente sus secuaces por alguna turbia razón equivocaron sus planes…, si no ¿cómo se explica la facilidad con la que el señor Gazzmann los desarmó? ¡Miren su cara! Esa mirada indescifrable, esa apariencia anodina, ese hablar endemoniado… Señores del jurado, pido para él la pena máxima sin penas en sus conciencias: ¡que sea deportado!

-¿Pero qué dice la señorita bonita? ¡tan bonita que se ve cuando se molesta y tan bonito que se le ve ese sweet! ¡pero lo que dice…!

-¡Silencio señor acusado! Abogado defensor, su discurso.

-Eh… Gracias, su señoría…

-¡No! ¡Qué va, su majestad! ¡De ninguna manera! ¡Nunca he tenido que ser defendido por nadie en mi vida! ¡Permítame por favor que yo mismo me defienda y no el atontao este! ¡Perdón, mi carnal, pero la verdad es que eres un maleta y estás botado! (sorry, my fleshed, but the true is you are a luggage and you are thrown away!)

-Señor Riboulirou, no grite por favor… Si su abogado se lo permite puede usted asumir su defensa pues tiene el derecho.

-Thanks you His Majestic The Horrible Mister Fudge! Your heart is bigger than a water mellon!

-Adelante, adelante, proceda con su discurso y deje de decir tonterías…

-Mire, su majestad, señores que me la llevan jurada y yo no sé por qué pero seguro que ustedes sí (ni sombra de duda me cabe pues la duda en éste caso ofende), señorita del dulce bonito, mi carnal el abogado más maleta del mundo, chicos con las pistolas más grandes que sus cerebros, presentes todos…, el señor de allá, sí, usted…, gracias también a los como hermanos teniente lío, el gordo flaco y su trailer (Lieutenant Gordon Black and Sue Tyler)… La cosa es que cuando mis abuelos llegaron a Caracas viniendo de España con mi papá pequeñito, sí, como de cinco años, venían huyéndole a una guerra y una hambruna feísima que había en toda Europa… Ellos llegaron sin dinero, sin trabajo, con toda la vida en un pequeño baúl… Llegaron a una pensión que unos conocidos de unos conocidos tenían por allá cerca de Guanábano Bridge, bajando como quien va hacia Two Little Batteries Corner (Near Puente Guanábano. Esquina de dos pilitas), y a pesar de tan poco, sacaron adelante a mi Papá, pusieron una carpintería y llegaron mal que bien a tener estabilidad y tranquilidad. Mi abuelo sabía blanquear las nobles maderas y hacía piezas magistrales de ebanistería muy fina… Con el tiempo mi padre casó con la hija de la dueña de la pensión, mi madre, hija de una malagueña más bien de Tarifa o Tánger, que hasta podía venir siendo de Melilla y un señor de Maiquetía o Pariata que vendría a ser mi abuelo que no conocí…, y al poco tiempo nací yo heredándole a mi madre este colorcito de piel tan noblemente numidio y al mismo tiempo duradero que le viene directamente del litoral por vía paterna… Después esa parte de Caracas que me vio nacer se fue poniendo fea, mucho ladrón, mucha hambre, mucha basura, mucha rata, y se mudaron para la esquina de Pele el Ojo (Peel the eye corner), en la planta superior de la lonchería que tenía un portugués venido de Francia ahí… Yo, para hacerles corto el cuento, entré a trabajar con el portugués que se admiraba de que yo, ya desde chiquito supiera hablar el español (es un don que tengo con esto de los idiomas), y él, que era un noble hidalgo, llegó a viejo y lo hablaba mal…, fíjese usted que aquí estoy, hablando fluidamente en éste extraño papiamento salido alguna vez de la lengua de la tierra de la reina alopécica, rubia y pérfida Albión…, y bueno, con el tiempo el portugués me agarró cariño y me casó con su hija (los hermanos teniente lío el gordo flaco y su trailer no la pudieron conocer porque el día que fueron ella había limpiado la casa), con quién asumimos la conserjería de un edificio que quedaba cerquita de Mooneta corner (esquina de la Luneta) que fue donde ella le tomó tanto cariño al sacar brillo y comer repollo hervido… Se imaginará usted, señor Horrible, que con el sueldo de conserje no se llega muy lejos, y como entre repollo y repollo habíamos hecho repollos, pues qué le digo, que venía un retoño en camino y necesitábamos más entradas… Fue así como conseguí un little place de mesonero en The Pasta Palace, from Trick to the Balcony, y bad that good nos mantuvimos hasta que el lumbago and the asiatic nerve of my wife le impidió seguir trabajando… Primero muy innoblemente nos botaron de la conserjería, luego mi retoño tuvo que ponerse a trabajar conmigo en The Palace para ayudarnos a pagar la pensión que conseguimos near Upside down Christ corner (esquina de Cristo al revés). Pero por ahí hay mucha droga y mi muchacho corría el riesgo de echarse a perder (throwing to loose), las colas en el hospital no ayudaban a mi mujer con el lumbago, yo hacía diariamente dos turnos seguidos en el Pasta Palace que sumaban dieciséis horas diarias de trabajo seis días a la semana a sueldo mínimo…, nos íbamos a morir tratando de ganarnos la vida… Luego, el hermano del portugués que era mi suegro (rest in pieces and my word don’t ofences to him) , que había emigrado de Francia directo a éste país después de la misma guerra que espantó a los míos en su momento, se enteró de que nosotros estábamos pasando more work than Mouse in hardware store en Caracas, nos escribió proponiéndonos que nos viniéramos a trabajar aquí, en éste país donde the lie garantiza the freedom, donde quién trabaja vive, donde la violencia está sólo en la televisión, donde la única falta de respeto que he sufrido ha sido la de perder mi nombre y confundir mis apellidos… País en el cual my master mister owner puede pasar el día hablando por teléfono con las chicas de las voces sensuales (0-800-porn) porque yo estoy al frente llevándome el pan a mi casa, con las únicas molestias de tener que haber lidiado con estos chicos con pistolas más grandes que sus cerebros, y tener que tratar con educación a la Fat Bitter que pese a hacer la compra todos los días en el establecimiento en el cual trabajo desde que llegué aquí jamás se ha dignado llamarme por mi nombre, y no perder la paciencia con el llorón hijo de la señora Mariada…, pero que a cambio recibo la visita de gente interesante como los hermanos teniente lío el gordo flaco y su trailer, gano mi dinerito en cantidad suficiente como para vivir humilde pero dignamente…, y encima tengo tiempo para mis pasatiempos que no he llegado, por falta de oportunidad y por no parecer indiscreto ya que tampoco me lo han preguntado, a explicarles a ustedes… Señores ¡gracias por acogerme en su país! ¡Cuenten con este servidor para lo que salga, que nobleza obliga, y aquí está Óscar Pancracio Guzmán Rebolledo, caraqueño y leal amigo, para lo que gusten mandar! He dicho…

El honorable juez se secaba las lágrimas con una esquina de la sotana disimuladamente, la abogada de la fiscalía empalidecía y enmudecía parpadeando a punto de perder el equilibrio, el atontado attorney de la defensa sacaba pechito orgulloso por el discurso de cierre de la defensa y miraba con aires de suficiencia en derredor, el jurado no necesitó retirarse a deliberar y dictaminó de inmediato y por unanimidad el fallo Non guilty haciendo prorrumpir en estruendosa ovación a la concurrencia, los alguaciles no pudieron impedir que la prensa entrara en tropel y que sacara en hombros del recinto tribunalicio a un augusto Asca Pan-crazy-o-Gazzmann Ribolirou que gesticulaba mesuradamente unas cruces de bendición papal a diestro y siniestro agarrado de micrófonos y cabelleras alternativamente y según fuera menester…

En el noticiero de las seis de la tarde, antes de las predicciones del tiempo, Óscar Pancracio Guzmán Rebolledo tuvo sus merecidos quince minutos de fama en un micro de TV que relatando su vida con cobertura de costa a costa desgranaba sobre una conmovida audiencia las peripecias del pequeño héroe de turno. Con lo que le pagaron por los derechos pudo, por fin, devolverle el préstamo al portugués venido de Francia tío de su esposa que lo llevaba por el camino de la amargura con los intereses compuestos, cancelar la hipoteca de la casa, y hasta le alcanzó para la universidad de su retoño.

También para Óscar Pancracio Guzmán Rebolledo, el American Dream se había vuelto realidad, aunque ahora se llamara Asca Pan-crazy-o-Gazzmann Riboulirou…, o mister Riboulirou a secas.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Lluvia.


“Parece que va a llover,
El cielo se está nublando,
Parece que va a llover,
¡Ay mamá, me estoy mojando!”

Parece que va a llover.
Benny Moré/Pedro Infante.
(Escoja usted).



Daré una noticia, una primicia, y no es que murió Gardel: empezó la temporada de lluvias.

Somos gente tropical y de inmediatez, esto es, imprevisivos e improvisados.

Y aquí estamos, echándole la culpa del desastre al gobierno, a ¿cómo fue la enormidad que escuché? ah, sí, que era Gaia vengándose de los abusos cometidos con ella por ésta mala raza que somos los humanos (caray, qué de cosas. O sea, que también las lluvias son por venganza. Qué existencia tan precaria la nuestra) Echándole la culpa a cualquier “otro” que no seamos nosotros… Y no me parece que los ciclos climáticos sean susceptibles de culpabilizaciones.

Y los desastres…, los desastres ocurren por esa maña de llevar las cosas hasta más allá, mucho más allá, de lo que se pueden llevar. Los desastres ocurren porque al confundir ética con moral venimos subrepticiamente a echar la cocina vieja a la quebrada que pasa por ahí junto. Por lo mismo que no le hacemos mantenimiento a los puentes, a los carros, a los aviones, a los equipos de seguridad, al jardín, a las cañerías… Total, el que venga atrás que arree…

Nosotros estamos en ésta, una situación difícil. Cada vez somos menos. No pude avanzar más con la construcción de la casa y ahora estamos sufriendo el vivir en un inconcluso. Pero no es más que eso: incómodo. En realidad no nos está llevando ningún río, ni se nos está cayendo la casa encima… La parte peor es que estamos como pagando arresto domiciliario porque el carro se dañó hace ya una semana y no hay el repuesto. Y no estamos hablando de un Saab Sonet del setenta y tres, ni de un NSU Ro 80 con motor Wankel. Hablo de una Terios del dos mil cuatro… En fin…

Pero por qué no pude avanzar más. Sencillamente porque una realidad más grande que yo, la económica, no me permitió avanzar más rápido y me alcanzó la temporada de lluvias. Ya he hablado hasta el cansancio de la merma en la clientela, la falta de materiales, y de todo lo demás. No me pondré repetitivo.

Sabíamos perfectamente que llovería muy duro. Todos los años llueve muy duro aquí en las fechas en las que llueve, aunque cada año se oiga decir que éste año ha llovido más duro que nunca. Que es el fin del mundo.

Mentira.

En la primera temporada de lluvia que pasé aquí en Margarita (diciembre de 2001) me maravilló ver como el par de metros de alero que tenía la casita en la que vivía resultaba insuficiente para impedir que el agua entrara por la ventana como una cascada, porque llueve venteado. Recuerdo que me dormí, dejé la ventana abierta, y perdí el televisor (que estaba a más de un metro de distancia de la ventana, calcule usted mismo el ángulo en el que forzosamente tuvo que llover) pues se enchumbó con la lluvia.

Ese mismo año teníamos una marquetería en un local alquilado en un centro comercial, en un primer piso, y se metió tanta agua en el local (un local cerrado y con aire acondicionado) que perdimos cartón, passe partout, herramientas menores, y otro poco de cosas más. Del tiro devolvimos el local en vista de que el dueño se negó a responsabilizarse por nuestras pérdidas. Estábamos nuevos aquí e ingenuamente pensamos que el dueño se responsabilizaría por alquilarnos un local con goteras.

El año que me separé de mi ex esposa y me fui a vivir al velero llovió tanto que mi terapia principal la hacía sacando agua de la sentina. Sacaba unos doscientos litros cada vez que achicaba… Tengo que agregar que llegué a achicar tres veces al día, es decir, al levantarme en la mañana, al llegar de vuelta al barco en la noche, y en la madrugada temprana antes de acostarme. Entre unos cuatrocientos y seiscientos litros cada veinticuatro horas. Si calculamos el área de la cubierta de un velero de veintiocho pies de eslora sacaríamos los milímetros por metro cuadrado de índice pluviométrico, pero me da flojera.

La vez que me moví a Barquisimeto unos días, a mediados de aquel noviembre, regresé para encontrarme que el barco estaba casi hundido. Tenía unos dos mil litros de agua dentro, y tardé cuatro horas en sacarlo completamente a flote. Tenía un pote muy chiquito para hacer ese trabajo. Afortunadamente, mi Papá, ese diciembre me regaló una bomba eléctrica de achique, una batería, y un cargador de baterías, y ya pude delegar tan pesada tarea en un instrumento automático.

Claro que si hubiera tenido cabeza para calafatear correctamente (y hubiera encontrado el material idóneo para ello) la cubierta, no hubiera pasado tanto trabajo…

Ese año llovió desde octubre hasta abril. Copiosamente. Casi de continuo.

Al año siguiente todo había cambiado para mí. Tenía familia otra vez. Vivíamos en una casa normal que lo único raro (al respecto) que tenía eran las pendientes de los pisos al revés y que por consiguiente, cuando llovía, la casa se inundaba.

Ese año la casa se puso verde. Le salió verdín a las paredes hasta una altura más o menos de metro y medio. Recuerdo que se salió de cauce el río El Valle y hubo zaperoco social y los damnificados de rigor.

Pero no me voy a poner fastidioso con mi memoria a lo Ireneo Funes, luego viene alguien y me dice fastidioso con toda la razón del mundo.

Lo que pasa es que el problema es más grande y complejo que simplemente una temporada de tormentas tropicales.

Súmele usted a los desmanes climáticos, la crispación de ánimos, la contracción económica, la escasez de insumos (en mi caso me afecta la escasez de materiales de construcción, cemento, cabillas, repuestos automotrices, etc.), y la esperanza…, sí, la esperanza de que tal vez todo mejore para fin de año, la esperanza de que la situación económica se arregle, la esperanza de que quizás pare de llover…, la esperanza en sí misma. Esa esperanza que es sólo eso: esperanza. Esperanza que nunca se cumple… Sí, cierto, tiene usted razón: soy un cronopio.

No niego que existan hecatombes climáticas, esas tormentas perfectas que tanto se regodean en darle publicidad por canales de televisión tipo Discovery, pero el caso es que éste no es el ídem.

Amigo mío, querido lector, la temporada de lluvias en este lado del mundo es tan ruda como en contraposición resulta la temporada de sequía que es capaz de parar el sistema eléctrico nacional. Y si lo aunamos al síndrome de Eudomar Santos (exitoso personaje de una telenovela venezolana quien hizo famosa la frase: cómo vaya saliendo, vamos viendo) no deberíamos maravillarnos con los destrozos que causan las exhuberancias climáticas.

Yo no me eximo de éste síndrome por la razón que sea… Me digo que este mal momento que estamos pasando no es mi responsabilidad exclusiva, sino que en medio de tanta dificultad económica, más bien mucho hemos hecho. Pero ¡caray! No me convenzo.

Creo que me hace falta dejar de ser tan infantil y primitivo, y meterle el pecho a la disciplina. Disciplinarme como un inmigrante, quién viniendo de un país (cualquiera) en el que si no trabajas duro y guardas cuando el buen tiempo te lo permite, te mueres en lo que llegue el mal tiempo, trabaja, guarda y medra.

Voy perdiendo y perdiendo. No sólo cosas (el velero, el carro viejo, etc. Pérdidas necesarias y más que deseables), también voy perdiendo personas (mi chamo vive afuera, y cuando yo me vaya dejo aquí a mi hija, siendo dos faltas muy a mi disgusto…, mis clientes), y a mis mascotas (primero se escapó el gato, y hoy desapareció la perra chiquita, la barcina, y yo estoy machucadísimo de ánimo)… Voy perdiendo, y no en mano alegre como canta Silvio Rodríguez…

Qué más habré de perder antes de que reúna la potencia necesaria para que mi reacción sea más eficiente que simplemente escribir unas letras desvaídas.

Dicen, y yo estoy de acuerdo, que el agua es el solvente universal. Me parece en mi cada vez más barroca imaginación, que cada nueva temporada de lluvia, acendrada, con inquina, exuberante, lo que trae es una voluntad natural de renovación, de renacimiento, de reenfoque vital. Pero claro, estas son enormidades poéticas mías que muy probablemente no tengan nada que ver con la realidad.

El caso es que veo como mi vida se disuelve a fuerza de llevar agua. Mi entorno se va desdibujando y yo me pregunto ¿habría de ver algo que no estoy viendo?

Me parece atisbar entre goterón y goterón que he venido edificando en una realidad improbable, y toda la fuerza de la empecinada vida me está dando de martillazos en la cabeza (no tan duro como para matarme, pero suficiente como para que le ponga atención) como diciéndome, hombre, cambia la tonada que comienzas a cansarme.

Es decir que esto es lo que entiendo que comienzo a entender, y yo, de buena gana, me apresuro a entender.

No sé qué más deba perder en esta disolución lluviosa.

No sé si voy a estar contento por ésta pérdida.

Yo, bueno ¿qué coño voy a hacer?

En éste albur de la vida, como en todos los demás, pago.

Pago por ver…

domingo, 28 de noviembre de 2010

Vida Vs. Descanso.



“Las grandes cosas exigen que no las mencionemos
o que nos refiramos a ellas con grandeza:
con grandeza quiere decir
cínicamente y con inocencia”.

Friedrich Nietzsche.
La Voluntad de Poder. 1, p.31.



El viviendo me ocupa la totalidad del tiempo que deja libre el rato en el que duermo para recuperar las fuerzas para seguir viviendo.

Esto pudiera parecer malo o por lo menos cansino, pero la verdad es que no me siento especialmente atropellado por varias razones. Una es que el pretender que la existencia lo trate siempre bien a uno resulta ingenuo, y lo ingenuo de ninguna manera tiene la utilidad de lo inocente. Ni la utilidad, ni la elegancia. Otra razón es que logré dentro de mi cabeza un cambio de metas que me ayuda con eso de tener el listón de la resistencia un poquito más alto, porque la resistencia no es física, es mental… Venir a este mundo a descansar es un despilfarro de vida. Ya descansaré cuando muera, que al parecer sucede durante mucho tiempo.

No sé si usted sabe que ya estamos viviendo en lo que va de casa. Es incomodísimo en grado superlativo. Cuando hace sol el calor parece una iniquidad. Cuando llueve se te moja hasta el pensamiento aunque no te caiga agua encima… Esto del agua sobre mi cabeza definitivamente es algo que debo solucionar, no sea que me pase como dicen que dijo Carl Jung, “que todo aquello que no resuelves en la vida lo vives como destino”, porque la verdad es que desde que llegué a la isla ésta de mis tormentos (y tormentas) no he hecho más que llevar agua y más agua.

La casa de Las Marites hacía agua, el velero hacía agua, el Futura hacía agua, el apartamento de Juan Griego hacía agua, el local de Bayside hacía agua, la casa del Encanto hacía agua (inclusive en época de sequía porque los drenajes del aire acondicionado se vivían tapando), la casa en la que vivíamos en La Asunción era un completo manare, el anexo aquel del Guayabal también metía agua porque además de mal concebidas las ventanas, tenía hechas las pendientes del piso al revés, con la inclinación hacia dentro de la casa. El local donde funcionaba la marquetería echa agua porque el aire acondicionado chorrea…, parece la caverna de Kit Walker (el Fantasma de Lee Falk) Ahora aquí, bueno, qué le digo, mire que escampa afuera y continúa lloviendo adentro por lo menos un par de horas más…, y eso que le gastamos mucho real en potingues impermeabilizantes. Pero llueve tanto y tan duro que termina por vencer… Bueno, y que se quiere, si el cielo (sky, no heaven) dispone de todo el tiempo y el poderío de la naturaleza, además de no tener más nada qué hacer ¿no?

Claro, vivir en un inconcluso de este nivel es una cosa para machos con muchísima testosterona además de una voluntad de poder muy a lo Nietzsche que casi se te viene abajo en lo que tienes mujer y niñas a tu cargo. Ya sabes, uno resiste fuego y corrosión, ácidos, álcalis, mosquitos, hormigas, y hasta adecos de cualquier color (para los zancudos uso espirales Plagatox)…, y acaso las mujeres también, cómo no, pero ya se sabe que uno aprende que si debe proteger, que si debe proveer…, en fin… Al carrizo con todo lo anterior…

Ya comenzó aquí la barroquísima temporada de lluvias propia de esta isla en la que no llueve nunca, según el decir popular (nunca me ha gustado el populacho, me aburre, y que me perdone Chávez), pero que en lo que coge a llover hasta los colchones van a parar a Panamá… Esto significa que el avance de la obra, o más bien la velocidad de avance, se ralentiza a niveles cuasi-estáticos porque todo se traduce en un defender lo hecho y reparar lo que la lluvia estropea para no retroceder. Es una existencia interesante si lo mira usted desde la óptica romántica del encanto de lo primitivo. Es uno contra los elementos en un pulso tremendamente desigual porque bajo ninguna circunstancia un hombre con el sólo recurso de su ingenio y el concurso de tres o cuatro músculos puede contra la infinitud de una onda tropical desmesuradamente latinoamericana…

Hoy me hice una especie de goniómetro con un transportador y un nivel de hilo y medí la inclinación de la lluvia, es decir, el ángulo en el que cae la condenada con respecto a la vertical (esto fue porque puse el transportador al revés y me gasté todo el tirro de modo que no lo pude invertir para acomodarlo), y me dio una media de sesenta grados. Caray, esto reta hasta a la fuerza de gravedad, pensé. Entonces sí debí hacer los exagerados aleros de metro veinte, y no los razonables ochenta centímetros… ¡Buéh!, lo tomaré en cuenta para mi próxima reencarnación…

Pero toda esta paridera me ha permitido ver una parte de mí y darme cuenta de qué es lo que no ha funcionado. Porque sí, el trabajo rudo tiene mucho de incómodo, pero como le he oído decir a mi amigo Orfeo Gouverneur, “no hay que desestimar el valor terapéutico del trabajo pesado”… Y es que tras haber aprendido a ganarme la vida luchando a brazo partido he obtenido un nivel tal de cansancio que me he convertido en un idealista, en un cínico esperanzado. Me he llegado a acobardar a ratos. Esto me ha convencido irreversiblemente de que existe un lugar en el mundo en el cual un hombre como yo puede vivir de lo que sabe hacer…

De ahí mi tímida trashumancia. Es mi empeño por fabricar ese lugar ideal ante la realidad inapelable de que aquel aun no lo he conseguido. Puede parecer contradictorio esto que digo, pero déme usted tiempo y un voto de confianza.

Esto representa, ciertamente, una contradicción y una dicotomía que llaman, además, porque en lo que uno se vuelve idealista y empieza a buscar ese lugar en el mundo, se deja de tener la voluntad para hacerse de ese lugar a costa de lo que sea.

Así pasa uno la vida incómodo e insatisfecho sin darse cuenta de que en realidad lo que pasó fue que perdió la fuerza productiva que transforma el entorno. Eso que define al hombre como tal. Eso que apagó la religión en el hombre otorgándole tal fuerza a una idea que llamó Dios, y que vino a empequeñecerlo después (… Pero el asesino de dios, el hombre superior, es demasiado débil para afrontar las consecuencias de su propio crimen y pronto se dispone a adorar nuevos becerros de oro…) … Bueno, pero no retrocedamos tanto, que después uno se pierde por no saber para dónde queda delante.

Y retomando, sí, arriesgadamente doté del carácter de irreversible a una convicción, pero lo hice a sabiendas de la fragilidad que las convicciones presentan frente a los cambios de punto de vista en la vida, y que no lleguen a tener el sentido terco de un punto de honor.

Porque éste último representa una prisión, una limitante que es más derroche de estupidez que otra cosa, porque lengua que habla culo que paga… Le ruego me disculpe el lenguaje soez, procaz, e incorrecto. En el pasado y en lo sucesivo… Yo, en lo tocante a los puntos de honor hago como con los cinco minutos acumulativos de mariconería: los invierto en tonterías inocuas como el hecho irreductible de que no me gusta la guanábana y punto. Y bueno, con eso no le hago daño a nadie, y me limito lo menos posible… No sea que se me acumule la limitación y con los años me termine volviendo más ortodoxo que un patriarca chipriota ¿eh?

Es irreversible mientras no consiga ese lugar en el mundo en el que pueda vivir cómodamente de mis habilidades sin tanto partirme los brazos, las piernas, y el lomo, que ciertamente no es de algarrobo. Tal vez entonces recobre la voluntad de poder y modifique mi suerte a mi antojo usando el reverso de lo que era irreversible… Pero bueno, eso es una especulación nada más. Sobre todo si se piensa que la voluntad de cambio es en más de un modo voluntad de poder, y que barajarse dentro de un concepto pugnando por contradecirse pero lidiando bien con los límites resulta por lo menos acomodaticio y un despilfarro de oratoria…

La isla esta de marras no es ni por asomo ese sitio. Tengo casi diez años aquí y aun lucho como el primer día, sólo que ya perdí la ilusión de que en alguna forma éste pueda ser un sitio para mí…, y estamos claros en que una ilusión viene a ser creada para engañarse uno mismo cuando se sabe bien que se está gastando pólvora en zamuros (despilfarrando bienes).

En este momento la tengo tan difícil como en el primer año en el que viví aquí… Bueno, sin exagerar le digo a usted que la tengo muy difícil. Hace ocho o nueve años no conocía a nadie aquí y mi mercado era mínimo. Ahora conozco a muchísima gente aquí y mi mercado, que en algún momento creció, se redujo a aquellos niveles de entonces con todo y todo…

Me quedan tres clientes nada más. Y tres clientes que cada vez se sirven menos de mi trabajo, y las cosas parecen ir empeorando. Mi compañero de carpintería, el negrito aquel llamado José Figueroa que hacía cocinas quebró después de llegar a tener más de diez personas trabajando para él y facturando veintisiete veces lo que yo. No entiendo qué pasa ¿no y que la economía se está fortaleciendo? Pamplinas… Aquí no, por lo menos…

Es completamente cierto que le llegué con muy poca fe (ciertamente no soy de ninguna manera un hombre de fe, pues en lo que “es” no tengo que creer, simplemente “es”, y punto) a éste lugar, pero igual le puse mucho más empeño de lo que resultaba racional ponerle.

Obviamente me cansé. Me cansé de la gente que vive aquí. De todos. De los lugareños que son de una ceporritud infinita. De los navegaos que son de un “wanna be” que ya, ya… En una frase: me cansé…

Hicimos un lugar hermoso en La Asunción en el que llegamos a meter más de mil personas en una semana de eventos culturales, pero se vino abajo. No logramos el apoyo de nadie y ¡plaf! Al suelo con todo… La bellísima casa de más de doscientos años en la que funcionábamos está en venta, los dueños se van… Las iniciativas sólo llegan a eso, a iniciativas que rápido se funden…

En virtud de esto decidimos aquí en familia, hacer algo radical.

Me ha costado un poco tomar esta resolución porque tengo cierta inercia frente a los cambios de propósitos. Me ha costado por ejemplo, también, cómo no, el cambio idiomático ya que yo hasta los chistes los hago cervantinos (mis perras son Alana y Barcina, y de ninguna manera podencos) y allá me tocaría pensar en un mal remedo de la malhadada lengua de la reina corsaria alopécica que mal rayo parta… Pero en fin, para eso están Shakespeare, Kipling, y si me apuran, Groucho, Harpo, y Chico. Otro Marx no, porque el alemán ya es mucho cambio para mí.

Hubo un momento, hará cosa de dos meses, en el que me deprimí mucho. Las cosas perdieron sentido y no había forma ni manera en la que pudiera racionalizar el mal rato como para sacarlo al sol y poderlo evaluar con los ojos bien abiertos. Lo que hice fue mantenerme ocupado físicamente, muy atento a lo que estaba haciendo. Programé cada vuelta de tornillo, cada golpe de serrucho, cada trazo, cada respiración, me quité la barba, dejé de comprar agua de chorro embotellada y me tomo el trabajo de ir hasta el manantial en la Rinconada a buscarla yo mismo… Es decir, me tomé la vida paso a paso, y en la noche, al acostarme, hacía como los alcohólicos que dicen, hoy no bebí…

Ya hace días que salí del atolladero mental. Ya salí de ese estado improductivo de la depresión. No hay como el trabajo físico y dos o tres resoluciones bien tomadas. Bien tomadas en el sentido de la convicción, que resulten buenas o malas será cosa del devenir y es mal momento éste para adelantarme hasta allá…

Este año nos ha hablado fuerte y claro, lo que pasa es que nuestro (en este caso nuestro se refiere al mío) cerebro sólo percibe lo que quiere percibir y a la velocidad en que pueda asimilar la información. Pero en nuestro (esta vez sí me refiero a nosotros) descargo puedo decir que hemos ido soltando lo que teníamos que soltar (velero, carro viejo, máquinas en desuso) y tratando de nadar con la corriente, porque esto no requiere otra cosa que fuerza, tesón, e ingenio. Lo más difícil ya está logrado, que es la aceptación del cambio de propósitos. Sin esto no hay movimiento posible.

Y es que hay que moverse. Hay que moverse por una cuestión inclusive de economía de energéticos (por decirlo de algún modo). Porque hay que invertir tanta energía en permanecer, en hacerle de renuente a la vida, que más vale soltarse y navegar. Correr la tormenta en vez de capearla… Siempre habrá que aportar energía, transformarla, porque si no nos prende la entropía y ahí sí que estamos fritos… De todas maneras hay que echarle tanta bola como sea posible porque si no la vida viene a ser un despilfarro, una falta de respeto con esta casualidad que hizo que por un breve lapso no estuviéramos muertos. Ya habrá tiempo para descansar, todo el tiempo contenido en la eternidad, una vez que se nos acabe la vida. Eso me parece.

Trato de no pensar más allá, porque me asusto y me canso sin haber agotado el intento, pero no como una disciplina dictada por un controlador que me grita constantemente ¡no pienses! Porque eso me parece tan tonto como tratar de aprender a poner la mente en blanco pero dejándole un ladito a una figura fastidiosa que me regañe cada vez que me sorprenda con algo brincando dentro de mi cabeza… Trato de no pensar manteniéndome atento en lo que hago. Esto resulta. Dejo la pensadera para la hora de las elaboraciones más o menos literarias en las que no me queda otra que cavilar en qué rima con qué, y en si será aquel (fíjese usted que en el vastísimo idioma castellano no existe palabra que rime con tiempo), un adverbio apropiado… Pero para la vida la verdad que basta con la observación y el trabajo. Una cosa lleva a la otra, y así…, hasta que se nos acabe el tiempo con o sin rima.

Observar sin pensar equivale a atender sin juzgar. No es fácil porque en lo que pensamos en ello comenzamos las evaluaciones y se nos jode todo. Pero observar y darse cuenta es un proceso automático, que sucede en un nivel de la cabeza que es más corporal que cualquier construcción densamente cerebral… Es como darse cuenta de que los pájaros cantan cuando escampa. No importa por qué es que eso sucede, sino que con esta información sabemos cuándo se puede continuar caminando sin temor a remojarse… Ya me puse esotérico… Discúlpeme usted…

No negaré que he estado mejor. Quién sabe cuánto. Pero no exagero al decir que eso no me importa en lo más mínimo. A estas alturas de mi vida veo con mucho agrado que el idealismo no me ha robado por entero la potencia pese a que hoy entré oficialmente en la edad de un cierto tipo de vejez pues se me partió una muela (y tal vez esto parezca una enormidad de mi parte, pero es que yo fui indestructible hasta éste momento. Piénsese que yo fui tres veces en mi vida al odontólogo: dos a acompañar a mi mamá cuando era un niño, y una vez a hacerme una limpieza, ya adulto)… Que mi voluntad aun late con tozudez. Que veo con claridad qué pertenece a la esfera de las ideas y cuál de ellas es la que se vuelve contra mí con ánimos de sojuzgarme… Y no me la calo… ¡Que venga mi creación a fastidiarme la existencia! ¿Con qué derecho?

Soy a un tiempo un hombrecito y un hombrezote. Soy muy chiquito porque el universo es demasiado grande y esto está por completo fuera de mi alcance. Pero soy un hombrezote porque mis ideas crean tormentas horribles dentro de mi cabeza pero son incapaces de hundirme el barco… Ya me hundiré cuando me muera… El capitán Ajab era un imbécil al igual que su ballena improbable.

Ahora te dejo tranquilo, querido lector, esperando que tu salud se mantenga inmejorable, que tu dios decida dejar de vengarse, que tus miedos recuperen su nivel anecdótico…, y que tu voluntad permanezca impávida frente a las veleidades corporales.

Yo estoy vivo…