sábado, 4 de junio de 2011

Supracinismo, Súpercinismo, Trascinismo..



Put your trust in God,
My boys,
And keep your powder dry”.

Cromwell.
Batalla de Dumbar (1650).


Con el fin de exponer esta idea, y queda claro que no pretendo para nada la originalidad, echo mis bases en una expresión que alguna vez leí en un libro de Terry Pratchett que dice algo sobre “alcanzar esa cordura que se halla al otro lado de la locura”.

Como bien se ve en el título que tocó en turno, no exento de un cierto cripticismo si lo agarra a uno desprevenido, el tema tratará esta vez sobre el cinismo más allá de sus limitaciones, horribles, no cabe duda, porque bien sabemos que la vida es cambio, y el cinismo es un ancla. O más bien una fortaleza, en el sentido arquitectónico de la palabra. Sirve para defenderse, pero también es una atadura. Por eso lo veremos esta vez como un peldaño en la escalera de la vida.

Sí, hay que superarlo, hay que pasar al siguiente nivel, hay que hallar esa cordura que está después…, y esto me recuerda algo que siempre me repetía la maestra de ciencias sociales de cuarto grado allá, en mi claustro con los capuchinos: “lo que les digo no les entra por una oreja ni siquiera para pasar de largo y salirles por la otra, porque si ese fuera el caso, algo les dejaría dentro”… Brillante… Útil, además, para ilustrar definitivamente lo que significa el tránsito por la vida… “Entre toma el gayo y daka el gayo kedan plumas en la mano”… Antiguo refrán sefardí…

Porque si bien se puede decir que el cinismo es un método natural, o más bien un modo natural de defensa frente a las calamidades humanas, y que además es tal vez infantil (pero que funciona muy bien), no se puede (debe) prolongar su uso en el tiempo (pensemos en que cualquier idea por buena que sea, llevada al extremo prolongada más allá de lo prudente, se convertirá invariablemente en una mala idea) porque nuestra personalidad se estancaría en una estaticidad amarga inoperante sinónimo de esa simetría de muerte que cita Víctor Hugo, de la cual no se sale fácilmente (el sopor ingrávido del despropósito, diría yo).

El cinismo nos servirá al modo de Thomas Hobbes (cinismo pausado, meditabundo, como de patriarca benevolente o de abuelito), o hasta del modo de Osho quizás (cinismo alocado y contradictorio, como de ruso o de mejicano) para bloquear y hasta deflectar los efectos que en nuestro ánimo causa la pérdida gradual de la inocencia cada vez que descubrimos facetas de la horrible realidad verdadera. ¿Qué hay mucha pobreza en el mundo? ¿Qué existe sólo injusticia? ¿Qué son pocos los que tienen mucho, y son muchos los que tienen poco? (Legio mihi nomen est, quia multi sumus)…, innumerables preguntas como esas, y todas con la misma respuesta: cinismo o depresión…

Pero existe el budismo, y yo, la verdad, los respeto mucho (a los budistas). Sí, mucho de verdad… Pero (ahí va otro pero) ¿Puedo yo de verdad ser budista siendo como soy un descreído y ególatra pindárico cartesiano occidental disparatado? Tal vez sí, tal vez no. Digo eso porque si yo logro aplicarme en el entrenamiento de mi pensamiento con ahínco y vehemencia cada minuto de mi vida de cada lección y práctica, con el tiempo seguramente lo voy a hacer…, pero tal vez no… ¿Por qué? Porque la verdad no veo cómo desligar al ego del consciente… Es decir, cuando nacemos somos como un cuaderno con las hojas en blanco, pero con un sistema departamentado o compartimentado para registrar en él la escritura.

Un compartimiento es el subconsciente. De él no voy a comentar nada porque es un depósito del cual no tengo la llave. Sé poco de él, y no estoy preparado para gastar cartuchos tan a ciegas.

Otro compartimiento, enorme y público, ingobernable y sin apenas ingerencia por nuestra parte es el inconsciente. Allí se almacena todo, desde un olor hasta un dogma. Todo se mete allí y nos conforma un bagaje monstruoso y descontrolado que no nos dice nada acerca de cómo es que hace las cosas que hace. Hablo de los procesos intuitivos, que son herramientas muy buenas para aquellos que saben usarla, o sea, que no todo es malo en el sistema (compartimiento) del inconsciente…, además es susceptible de ser entrenado (¿por quién? Ya les digo) y así podemos dejarle hacer las cosas esas automáticas que no tenemos por qué estarlas pensando constantemente, qué sé yo, lavarse los dientes, ponerse los calzoncillos, o fregar los platos… Pero me resulta indiscutible que dejar nuestro comportamiento en las manos del inconsciente es, por lo menos, una irresponsabilidad de marca mayor.

Tal vez un maestro Zen puede acaso funcionar constantemente en ese nivel sin cometer torpezas culposas, pero yo (claro que hablo por mí nada más) tengo que poner mucha atención cuando transito un pasillo estrecho lleno de gente, por ejemplo, para no repartir pisotones a diestro y siniestro. Así mismo pongo mucha atención a mis movimientos cuando manejo objetos frágiles, cuando hablo con gente que me importa, cuando esgrimo argumentos difíciles (por ejemplo cuando le explico a mi banco el por qué del atraso en el pago de mi tarjeta de crédito), es decir, que cuando mis actividades me resultan importantes no vacilo en dejarle el control a esa parte confiable conocida como “el consciente”, no absolutamente exento de una cierta aprehensión, claro, pero es que ¿quién es capaz de confiar plenamente en un personaje parsimonioso, metódico, deductivo, y tremendamente presuntuoso?. No me extraña, por cierto, que en ese sector suela ser situado, por los que saben de eso, extravagancias enormes como “el Yo”, y el “Ego”…

Pero justamente para allá es que me dirijo…: hacia mi “Yo”, con mi “Ego” a cuestas, además de mi bagaje e inconfesables…

Dice todo aquel iniciado en los entresijos de ese arcano que es la mente espiritual, que el camino hacia el sosiego pasa por vencer al Ego, y lo pintan (al Ego) como un morral, mochila, o bolso, que cuelga en nuestros hombros, que pesa y molesta, que hace doler la espalda, da calor y mortifica, que no puede ir a ninguna parte sin ti, pero que al mismo tiempo ofrece algunas contraprestaciones que lo hacen letal e imprescindible al mismo tiempo, tan útil como cualquier gubia sumamente afilada, digo yo… Tiene el ego un cierto parecido en su compartimiento con los parásitos: también te llevará a la tumba aunque con ello deba morir él. Es un imbécil, hablando claro y mal, no cabe duda. Pero es parte de una herramienta imprescindible para la vida en sociedad. Siendo tan audaz como mi ignorancia me permite, deduzco de ello que de ahí viene la tendencia a aislarse que tienen los derviches, sabios, y eremitas.

Quiero decir con esto, errado o no, que en primera instancia y así, de golpe y porrazo, para librar una exitosa batalla contra el ego forzosamente habrá uno de aislarse de los demás, pues si el ego reside en el consciente, y es ahí donde radica gran parte de nuestra habilidad social, para amputarla de algún “sine qua non” tendrá uno que esconderse en alguna ermita abandonada, o en algún Tsorteng del encumbrado abismo himalayo…, en fin…, por lo menos mientras dure el entrenamiento.

El caso es que expuesto de ese modo el asunto es bien simple: una quimera. No hay vuelta de hoja…

Afortunadamente la vida no está en blanco y negro (porque para eso fue que se inventó el technicolor), y tenemos la facultad y libre albedrío de (y para) escoger nuestro punto de vista.

Estoy convencido de que la solución (y la creación también, pero no nos dispersemos) de cualquier problema se halla en el cambio. Quiero decir que si no encontramos una respuesta tendremos que cambiar de punto de vista. Así, incorporando distintos puntos de vista para hallar distintas respuestas para un mismo enigma será que nos iremos acercando a lo que podría darnos por llamar, la verdad… Bueno es tener presente siempre que eso de la verdad es tremendamente vasto, y que cae completamente fuera de aquello que se me antoja nombra como (original yo) nuestra esfera de comprensión.

Pero con todo y eso de que resulta inalcanzable, al menos su búsqueda es romántica (no exenta tampoco de un leve matiz melancólico), y bonito (o constructivo, en potencia) es empeñarse en ello… No sin perder de vista ese indeseable extremo al que no queremos llegar, por descontado.

No, mi querido lector, no le recomiendo quimeras ni utopías. Le recomiendo más bien la cara tarea de saltarse cada dogma, cada verdad, cada tácito, y cada vicio (maña, manía) para encontrar que nuestra felicidad se halla justo debajo de una etiqueta, un refrán, o un mito, y ahí ha estado siempre. No se ha movido de ahí. Lo que se movió fue nuestro punto de vista por culpa de esa manía que tenemos de andar buscando la verdad pretendiendo encontrarla…, el extremismo aunado a la visión de tubo, ¡dios nos ampare!

Nuestra luz guía hacia la verdad funciona tan bien, como mal. La realidad es inexpugnable, amén de inefable. La distopía histórica depende de la latitud. Las variables son infinitas, y digo infinitas porque no conozco un término más grande, pero no me cabe la menor duda de que se queda corto frente a la realidad…, y al fin y al cabo ¿qué somos? Apenas unos primates con lenguaje escrito…, creo…

Lo que sí me queda claro es que no estamos dotados de la multidimensionalidad necesaria para comprender aquello que muchas veces pretendemos comprender y por eso inventamos enormidades, pero ¿qué hacemos? ¿Nos desesperamos? ¿Cometemos suicidios en masa? No, por favor, sin exhuberancias, mi amigo… Páseme mejor una cerveza (de las que están más atrás, que están heladas, si es usted tan amable) y continuemos hablando de estupideces a nuestro alcance, mira que para mañana no sabemos…

Y sí, nuestro inconsciente cimarrón cae doblegado y dócil cuando conscientemente se le repite una y otra vez cualquier mantra hipnopédico (esto lo descubrimos hace mucho tiempo, pero quedó en manos de las personas que no supieron discernir ese punto en el cual la idea fue estirada más allá de lo prudente)… Es así como nuestras madres hacen de nosotros unos perfectos ineptos, nuestros jefes unos vagabundos, nuestras maestras unos nihilistas, y nuestros clientes unos tramposos (sé que la frase salió ambigua)… Es decir, que no hay mucho que hacer, pero funciona.

¿Quiere usted, mi querido lector, adentrarse en el cinismo para superarlo y lograr el pleno disfrute de la vida?

¿Sí?

Entonces empecemos con la primera lección.

Repita conmigo: ¡qué coño me importa a mí!

martes, 10 de mayo de 2011

Hacia dónde va Venezuela por éste camino que lleva.




“El asunto de Pérez es una pequeñez comparado
Con los grandes robos que desde Zea se están
Cometiendo (…) Nosotros estamos acostumbrados a
La sociedad de los muy distinguidos y Excelentísimos
Señores Generales, Tesoreros, Ministros, siempre
Que hayan robado de doscientos mil pesos arriba:
Entonces los estimamos, los adulamos, (…) les
Hacemos versos y pronunciamientos; pero si un infeliz
Les hurta una peseta lo condenamos sin misericordia
A tres años de presidio, porque es una infame
Picardía la contrectación fraudulenta de lo ajeno”.

Núñez de Cáceres, Pedro (1993). Memorias.
Caracas: Fundación para el rescate del Acervo
Documental Venezolano, p. 104.



El placer dista mucho de ser lo que me hace sentir escribir sobre la política y sus resultados. Sobre todo en un incomprensible país como este. Y digo incomprensible no porque no pueda comprenderlo, sino porque tal vez lo que pasa es que no quiero comprenderlo por no llegar a entender algo que sobrepase mi capacidad de asimilación de lo sencillamente horrendo…

En líneas generales tiendo a evitar escribir sobre ese tema porque la incomodidad que produce en algunas personas, a las que quiero y respeto mucho, va más allá de una mera descortesía por mi parte hacia ellos.

Lo que pasa es que comportarse de modo exquisitamente educado lo aísla a uno en grado sumo, y al final, por no haberlo ni siquiera comentado, queda uno como cómplice de un grupo muy grande y poderoso que no tiene (o al menos eso parece) ni idea de hacia dónde vamos…, ni mucho menos a dónde vamos a ir a parar de seguir por el rumbo que vamos. Que no es lo mismo.

Los desastres son tantos y de naturaleza tan variada que no sé ni por dónde empezar.

Los poderosos de este país, tanto políticos nuevos, como los de siempre, empresarios, delincuentes, militares, en fin, todos, son unas mierdas. Unas totales mierdas estén del lado que estén, que siempre será del lado de ellos sin importar más nada.

Yo me sorprendo pensando en que vamos directo a una especie de guerra civil o de algún tipo de insurrección general, pero al mismo tiempo veo como no sucede nada, y no sucede nada, y no sucede, a pesar de que todo funciona mal y con una fuerte tendencia a empeorar.

Y cuando digo todo me refiero a todo.

Los servicios públicos por ejemplo. La energía eléctrica viene siendo últimamente la estrella de lo peor, el epítome de lo más malo, la cagada por antonomasia… Apagones generales, racionamientos, excusas malísimas…, el apagón de ayer afectó más del ochenta por ciento del país, y hasta ahora no se tiene idea de qué fue lo que pasó… El sistema de acueductos: pésimo. Roturas, bombas dañadas, la distribución en manos del sujeto que maneja las válvulas. La telefonía costosísima y no hay manera de poner un reclamo si no se cancela la factura primero, es decir, antes de introducir el reclamo.

El sistema bancario parece estar diseñado para que uno no pueda trabajar. Me he pasado tres horas y media en la fila de una taquilla. Sí, me pasa con frecuencia que no paso menos de cuarenta y cinco minutos en algún banco esperando para ¡depositar en él! Para darles mi dinero del cual se sirven ellos…, dígame si fuera a pedirles algo. No salgo nunca más…

La oferta de comida… Coño, uno va al mercado a ver qué es lo que se consigue, y a cuánto está… Y de las medicinas, ni hablar…

La inflación… En estos días salió un ministro (que además tengo como un hombre serio aunque no esté muy de acuerdo con sus ideas) diciendo que la inflación en Venezuela es una inflación estructurada… Supongo que quiso decir que forma parte de la estructura de la economía y por lo tanto es uno de los mecanismos que la hace funcionar o sobre la cual se sustenta… Yo no sé demasiado de economía, pero si la inflación forma parte de la estructura de la economía me parece que estamos jodidos.

Para darles una idea de la inflación venezolana puedo dar un ejemplo: mi hija necesita una medicina con mucha frecuencia por culpa de una vaina que se llama “dermatitis atópica”, no es grave, sólo muy molesta para ella. Bueno, hace unos diez años cuando fue diagnosticada dicha medicina era carísima y valía unos cuatro mil quinientos bolívares… Esta mañana se la fui a comprar y me costó ochenta y un mil quinientos bolívares… Vamos a decirlo ahora en bolívares “fuertes” de éstos nuevos: costaba cuatro con cincuenta, y ahora ochenta y uno con cincuenta… Casi veinte veces en diez años, y mis ingresos no han aumentado casi nada. O sea, que si hace diez años estaba medio jodido, hoy en día estoy cerca de diez veces jodido…

Cierto que no sé mucho de economía, pero sé lo suficiente como para darme cuenta de que si ningún venezolano trabaja para producir bienes de consumo ni servicios, y todo es importado, porque hasta lo que vende la cadena del gobierno es importado (pollos brasileños, caraotas chilenas, diversos artículos argentinos, y todo lo demás así por el estilo), la única manera de medio paliar la economía es echándole más agua a la sopa.

Este país es minero. No hay más nada que extracción de minerales del subsuelo. Petróleo, hierro, aluminio, y algunas otras cositas por ahí, como el oro (que se lo llevan casi todo sin que nadie lo controle pues de las cuatro grandes concesiones solo una cumple más o menos con sus compromisos), y sabemos bien que las zonas mineras son grandes generadoras de corrupción, robo, especulación, prostitución, abusos, asesinatos, ausencia de autoridad… Un país minero es una desgracia de país, y lo estamos viendo en su casi totalidad de esplendor en estos momentos.

Extraemos petróleo, sí, y nos vemos beneficiados de ello porque un tanque de combustible para nuestros carros no vale mucho más de medio dólar, pero por lo demás sólo sirve para que quienes lo administran hagan pingües negocios con ese dinero que se supones es de todos los venezolanos, pero que lo que es a mí, jamás me han dado nada.

Con el hierro pasa algo vergonzoso. Somos explotadores de mineral de hierro y poseedores de una de las mayores minas del mundo, tenemos una supuesta industria siderúrgica, pero no hay cabillas para la construcción. Cuando se le pregunta a los responsables acerca de esto se escudan en el pésimo argumento de que la producción está comprometida para exportación, cuando todos sabemos que no es así. Vayan a la zona de Bolívar y entérense de quienes manejan, y cómo, todo este lío… Da vergüenza… La industria del aluminio está casi quebrada, la industria maderera lo está (y me refiero a la del gobierno, porque la concesión de los chilenos crece y crece con mucha salud económica en la medida en la que el gobierno se lo permite, claro)…

Se adoptó un sistema que arrancó muy bien, para puentear a las corruptas alcaldías que se llama las juntas comunales, y el gobierno otorgaba los recursos directamente a las comunidades en la medida en la que se fueran necesitando y de hecho arrancamos muy bien. Aquí se construyó el acueducto hace ya más de un año. Falta solamente la interconexión de nuestro acueducto con la subestación de bombeo que está como a un kilómetro de distancia, y no hay manera de que nos entreguen los recursos (que ya no sirven pues el presupuesto que teníamos para hacer esos trabajos perdió vigencia por culpa de la inflación esa de las estructuras del ministro zoquete ese), y al preguntarle al personero responsable de eso aquí en su flamante oficina nos recomendó que trancáramos la carretera con cauchos quemados para que nos pararan bolas… Igual que el policía que vino a atender una llamada que hicieron unos vecinos a los que se les metieron en la casa y los robaron dejándolos a ellos amarrados por un lapso de unas cinco horas hasta que otro vecino oyendo los gritos entró a desamarrarlos… Bueno, el policía les recomendó que atraparan a ese güevón, le pusieran una almohada en la cara, y lo echaran en una cuneta por ahí… Ja…

Aquí cerca hay un cruce de calles principales que es muy complicado, nadie respeta el semáforo, pasa el más agresivo o el que tiene el carro más grande…, y nunca hay un fiscal de tránsito ahí… Sin embargo andan por ahí poniendo alcabalas para extorsionar a todo aquel que tenga algún documento vencido… Y yo no los culpo del todo, porque cómo hacen para vivir con el miserable sueldo que cobran… Si se ponen muy exquisitos, se joden más de lo que ya están…

Hacen operativos de bacheo de vías de comunicación, sí, pero lo hacen de forma indebida y a los quince o veinte días los huecos se vuelven a abrir… Yo le pregunté al ingeniero responsable del bacheo de la vía de Guacuco hace como tres meses que por qué no estaba aplicando el RC2, y me miró como si yo acabara de bajar de Ganímedes. No me respondió nada… Pensaría que yo era chavista o algún tipo de filósofo tal vez…

La delincuencia. Ese es un tema tremebundo… No sé cómo estaremos en comparación con otro países del mundo ni me interesa, pero aquí sé que estamos muy mal. Pésimamente. Nos roban, nos hieren, nos persiguen, nos matan…, y nadie paga. No se puede hacer nada al respecto. No hay ley, la que hay no funciona, y la que funciona no tiene quien la haga cumplir… O sea, que no es sólo un problema de delincuencia y anarquía, sino que no hay respuesta de parte de ninguna autoridad… Por cierto, aquí en este país, autoridad quiere decir abuso con licencia para ello. Abuso legalizado.

Una inmensa mayoría de jóvenes venezolanos no van a engrosar las filas de las fuerzas laborales, sino que se dedican a la delincuencia. La cantidad de asesinos menores de edad, en este país, es abrumadora. Y no hay esperanza de cambios como no sea para peor.

No hay voluntad política en ningún lado de la balanza para el cambio. Sí, hay gente especialista en números, en enunciados políticos, escupidores profesionales de consignas, y sobre todo manipuladores y manejadores de la opinión pública.

Cuando uno oye a en chavista hablando se siente transportado al país de nunca jamás, o a Disneylandia. Y cuando oye a uno de la oposición se siente que tiene quien lo represente en la disensión… Pero la realidad es que ese país de las maravillas de la que nos hablan los chavistas está en la teoría de unas políticas inviables en el mejor de los casos, en una intención, dándoles el beneficio de la duda nada más que porque somos muy ingenuos y generosos… Y dígame la realidad de un opositor…, lo primero que hace es mentir como un gitano y más también, que un gitano es un tipo perseguido e incomprendido y secularmente obligado a adoptar la defensa del débil, pero con garbo, eso sí… Aquí un opositor es alguien que aboga por el regreso de un sistema horrendo de corrupción, abuso e inoperancia que fíjense si no sería lo peor que existe, que vino a dar a luz esto que tenemos ahora.

La así llamada oposición no hace sino capitalizar el cacareo de la estúpida, cobarde, ignorante, y cómplice clase media que tenemos para su propio beneficio. No existe un discurso real, no hay ninguna propuesta, ningún plan…, Chávez está de presidente porque la oposición no sirve para nada… Mienten, mienten, mienten…, lo único que defienden es su camioneta, su whisky, y su sacrosanto derecho a hacer toda clase de negocios, que mientras más sucios e impropios, mejor… Y si es con el gobierno, la tapa del frasco…

Esta es la razón por la cual nos vemos sometidos a una presión enorme por tantos y tantos factores horribles y no termina de haber una revuelta violenta (y entiéndanme bien, yo no quiero guerra, no abogo por ella, no recomiendo la violencia…, pero tienen que estar de acuerdo conmigo en que si a uno lo joden demasiado termina por explotar ¿no?), es simple: el venezolano ya se acostumbró a lo que llamamos la pesca en río revuelto. Esto quiere decir que si no hay ley para una cosa no la hay para la otra, y si no agarran a ninguna clase de delincuente, a mí no me van a agarrar tampoco cuando cometa ningún delito… Sí, los venezolanos vamos hacia convertirnos en un país delincuente si es que ya no lo somos… ¿Qué no? ¿Quién no le ha mojado la mano a un policía para que no nos multe por tener el certificado médico de conducir, vencido? ¿Quién no ha hecho alguna trampita para obtener algo? ¿Quién no se ha puesto agresivo y cometido los abusos necesarios para poder pasar el semáforo de La Asunción? ¿Quién no ha tenido que engrasarle la mano a alguien (un funcionario del ministerio del ambiente por ejemplo) para que nos facilite un trámite que debería ser gratis? Sí, es triste, pero Venezuela se está convirtiendo en un país delincuente, y delincuente impune, además… Al final, si yo puedo ponerme en tremendo apartamento, en tremenda camioneta, le pongo las tetas a la mujer, me puedo comprar el blackberry, puedo seguir viajando para afuera dos veces al año, y comprar mi whisky por cajas, no me importa nada más…, el que venga atrás, que arree…, total, yo saco a mis hijos de aquí, pero sigo echándole mierda al país para seguirle extrayendo más y más juguito, como en la reinyección de gas para la extracción del petróleo…

Venezuela me da tristeza, es la patria de políticas del fingimiento, de las tetas de goma, del botox (la máscara de la muerte), la inflación, la especulación, el engaño, la picaresca llevada al extremo, y del que venga atrás que arree… Aquí se mea y se caga en el mismo plato en el cual se come, pero eso sí, que nadie se dé cuenta de eso. Mientras la camioneta esté limpiecita, la ropita sea importada, la comida no sea muy rara (pero de autor), lo demás no importa, y ¡sale, muchacho del coño! ¡Anda a buscar trabajo! Eso es lo que le dicen al zarrapastroso que se le acerca a la ventana de la camioneta para pedirle unas moneditas…

Y no se crean, digo todo esto sin rabia. Lo digo nada más para hacer una lista no muy exhaustiva de lo que sucede. Lo digo porque quiero marcar distancia de esto… Por decir como decíamos cuando éramos niños: maestra, yo no fui… Y ya que no puedo hacer nada para cambiar esta mierda, marco distancia. Le doy la espalda. Yo no soy un héroe, y no me da vergüenza declararlo. Soy un esposo y padre de familia que tratará de ser lo más consecuente que pueda frente a la responsabilidad adquirida.

Por ahí dicen que irse no es opción, que si se va todo el mundo quién hará el cambio… Yo no sé. No tengo idea de quién lo hará. No me interesa en lo más mínimo quién será, o quiénes… Ciertamente no lo hará un venezolano, no uno de mi generación, ni de la que me sigue… Y veo más. Veo que si este gobierno y su cómplice oposición (porque uno va con el otro de forma indivisible) tienen algún plan, algún plan o algún proyecto, éste pasa por que todo el que no está de acuerdo con él, mejor es que se vaya, que se busque a donde irse a joder lo más lejos posible… Yo acepto la propuesta… De mejores fiestas me han botado, la verdad…

Señores, la vida es demasiado corta como para seguirla desperdiciando en un país tan pichirre que no ha hecho otra cosa que acostumbrarnos a lo malo, a cotidianizar la calamidad, a vivir saltando pozos de mierda como si fuera lo más natural, y, la verdad, yo no quiero esto para mis hijos…

Quédense con su especulación, sus estructuras inflacionarias, sus productos de importación comisiones mediante, sus injusticias, sus improvisaciones, su ignorancia, su incultura, su chabacanería… Yo no quiero que mis hijos sean delincuentes ni víctimas indefensas.

No se confundan, no los odio, sólo me pongo a cubierto de ustedes porque resultan perniciosos y hasta funestos. Y sí, son más que yo y nada puedo hacer para defender a los míos. Así que pongo tierra de por medio.

Sigan tranquilos atronándose con vallenato y reguetón que ya no podré oírlos. Sigan bebiendo alcohol como cosacos y matándose a botellazos, que a mí no me alcanzarán. Sigan mintiendo y robando…

Les regalo mi parte y, que con su pan se la coman… Ladrones de mierda…

martes, 3 de mayo de 2011

Éste ciclo tiene que ser detenido.



“¡Paren el mundo!
¡Quiero bajarme!”.

Consigna atribuida al Dadá,
A Goucho Marx, a Mafalda,
Y a quién sabe cuantos más.

“Qué alivio para el porteador que ha caminado
Mucho tiempo por el mundo del sufrimiento
Dejar en el suelo su pesado e inútil fardo”.

Longchen Rabjam. (1308-1363)
Representante de la tradición Nyngma
Del budismo tibetano.


Para un sencillo ejemplar de la formación occidental, como yo, hijo de la tradición judeo cristiana no es nada fácil simplemente acatar aquello que sabemos que nos dará tranquilidad, por la tonta razón de que la culpa está profundamente enclavada en la totalidad de nuestro ser.

Sí, y aquí no voy a meter a más nadie sino a mí mismo, tengo la estúpida convicción celular de que si no sufro mucho, no estoy viviendo en plenitud. Parece tonto y ciertamente lo es, pero me he sorprendido en medio de mis períodos de felicidad preguntándome si eso estará bien, es decir, que si el ser feliz mientras hay tanto sufrimiento en el mundo no será una retorcida forma de egoísmo.

Sí, sí, sí, está bien, hasta el Dalai Lama ha dicho que hay que ser “inteligentemente egoísta”, y yo, humildemente, estoy más que de acuerdo con él y no añadiré ningún pero, porque ya es mucho llover sobre demasiado mojado.

Acabo de pasar por un período de profundo sufrimiento, como bien se refleja en el artículo anterior y no abundaré en el tema porque ya eso es, no voy a decir que clavo pasado, pero sí material procesado.

Lo que quiero tratar aquí es el cómo. Sí, cómo hice para procesar tamaña amargura y salir de pie. Quiero decir con esto que si bien sigue existiendo un fondo de tristeza sé que todo va a estar bien, por decirlo de un modo simple, aun sabiendo que ninguna parte de esta realidad ha sido modificada.

Soy un hombre normal, un representante típico de una parte de la población pseudo intelectual del hemisferio occidental como ya he dicho. Fui formado en un hogar dicótomo en el cual mi madre nos envió a un colegio de padres jesuitas, y mi padre nos hablaba de Marx, de Sartre, de la revolución cubana, de Descartes, de Serge Renaud de la Ferriere, y del método de control mental Silva. Es más, cuando se supo la noticia de que habían matado al Che mi padre lloró, y mi madre rezó por él.

Leíamos a Nietzsche, a García Márquez, a Julio Verne, a Dickens, a Melville, a Cortázar, y a los demás también…, sí, Facundo Cabral era el trovador de la casa… Y para enviarnos a la cama interrumpían nuestro juego cantando “Se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”… No es de extrañar que llegara a considerar a Puebla como un aguafiestas.

Poner en duda la existencia de dios era un ejercicio de lógica corriente, matemática, filosófica, o cartesianamente hablando, pero al mismo tiempo era un proceso que dejaba siempre un rastro de culpa, porque después de que hizo todo lo que hizo para que existiéramos y fuéramos perdonados por ello, para luego venir a dudar, era una cosa difícil… Cuando se lo comenté al hermano Zelaya no se molestó conmigo, me sonrió con dulzura y me explicó con una profunda lógica jesuítica a secas el por qué de mi equivocación, que era natural, normal, y deseable, porque según él, la fe que procede de la duda termina resultando la más sólida…

Bueno, no terminó siendo así, pero la herramienta que me dio el hermano Zelaya a mis ocho años de edad me ha servido toda la vida de mil y una manera distinta. Aunque el hecho real es que me quedé flotando durante mucho tiempo entre el desencanto por la no existencia de dios, y la esperanza de que me hubiera equivocado y él existiera. Y ciertamente a la manera de Miller, durante mucho tiempo deseé que existiera básicamente para tener a quien patear por lo requetemal que van las cosas.

Uno de los Rimpoché, no me acuerdo exactamente cual pero prometo buscar el dato antes de terminar aquí, dijo que la infelicidad mayor procede de buscar nuestra propia felicidad, y que por el contrario, la mayor felicidad procede de buscar la felicidad de los demás… ¿O tal vez fue el propio Sakyamuni? Bueno, lo buscaré porque el margen de error es demasiado grande para mi gusto…

Entiendo entonces el por qué de muchas cosas. Una de las cosas es la educación en el sufrimiento y el sacrificio que nos (me) ha inducido la tradición judeo cristiana. Como lo veo yo, simplemente se trata de un problema de profundidad de campo en el enfoque del asunto… Digo que si la enseñanza dice que la búsqueda de la felicidad de los demás nos hará personas felices, entonces yo me sacrifico mucho y seré feliz… ¡Buéh! No se puede culpar al primer hombre que mintió, que mintió, pon pon…, como dice la canción de Silvio Rodríguez… Es una cuestión de que no se puede saber nada que no esté previamente dentro de nosotros. Es como abonar y regar la tierra dentro de la cual no hay ninguna semilla y pretender obtener alguna cosecha… Pero no nos pongamos puntillosos al respecto para no pasar por anticlericales, o antisemíticos (por aquello de la mala maña de inculcarnos la culpa para todo) porque no es cierto. De hecho, estoy leyendo historias tradicionales en lengua sefardí y las encuentro, bellas, interesantes, y sabias…

Ser auténticamente altruista es una tarea. Digo que es una tarea porque hay, en una buena parte de los casos, que ponerse a trabajar en ello. Hay que someterse a una estrecha y constante vigilancia nada más que para estar consciente de las razones por las cuales busco la felicidad de los demás… Es que resulta muy común hacerlo, como diría Thomas Hobbes alguna vez “que el altruismo no existe, que cuando uno realiza una acción de caridad o de ayuda a los demás, lo hace por razones meramente egoístas”. Pero no nos desviemos, que no es para allá para donde quiero ir…

El caso es que nada de lo que sucede, bueno o malo, cambia por el simple hecho de que nos atribulemos y angustiemos, o lo aceptemos con tranquilidad. No cambia nada hablando del hecho. Es decir que si se nos cae la casa encima por culpa de un terremoto o una inundación, y nos desesperamos horriblemente por ello, la casa sigue en el suelo. Y claro, si nos lo tomamos con calma, la casa sigue igual de destruida… Pero…, la diferencia está en que obnubilados por la tribulación tardaremos mucho más en encontrar una solución para esta desgracia. Y, si nos mantenemos lo más serenos posibles estaremos en mejor disposición para tomar una decisión ya sea ponerse manos a la obra para la reconstrucción, o emigrar, y me perdonan la machaconería con el término.

Pero no puedo negar que soy un occidental judeo cristiano, pseudo intelectual, y millerianamente ateo… Esto hace que necesite echar mano primero a conocimientos cercanos y conocidos aunque sea como catarsis para no explotar cuando se me llena de conflictos la cabeza por culpa de los pensamientos tormentosos textualmente hechos de aire caliente… En muchos casos hago como Martín Romaña, personaje de Alfredo Bryce Echenique, quien decidía volverse loco un rato cuando las circunstancias lo desbordaban. Lo hago porque no puedo evitar que me quede más cerca Bryce Echenique que el Dalai Lama. Sí, puede ser una vergonzosa confesión para alguien que busca seriamente la espiritualidad, pero no por eso es menos cierto.

Esto no quiere decir que no esté caminando en una dirección espiritual en la búsqueda de mi propia paz mental. Claro que voy hacia allá, pero aun las cosas que tienen que ver con mi rol en el mundo, me detonan una carga explosiva en mi talud de las malas ideas, y viene el derrumbe de mis aprendizajes… Veo el desplome mientras se da la reacción en cadena, pues una carga hace detonar la siguiente y esta a la próxima, y así, hasta que se viene abajo una buena cantidad de material, hechos escombros. No es nada raro que me desespere.

Mi proceso pasa por verlos caer, tratar de aislar las cargas para que una no haga explotar la otra, y a veces lo logro. Es decir, trato de desmontar la cadena de pensamientos que ya sé bien que me hacen caer en la desesperación (ya seré más específico al respecto), pero es después de que se calma todo que puedo evaluar los daños y ver qué puedo hacer al respecto… A veces es tanto el estropicio que para no volverme loco de verdad decido volverme loco un rato y profiero cuanto improperio conozco. Es una válvula de seguridad… Por eso escribo… Buéh…

La cadena de pensamientos que en mi caso me convierten en un cerro de escombros emocionales tiene como primer escalón mi rol de protector. Es decir que todo el lío empieza por ahí, por mi desempeño que considero real, comparado con lo que yo creo que debe ser el ideal. A mi ego le atormenta profundamente ser un mal padre, o un mal esposo, o un mal hermano mayor, o un mal jefe, y cuando siento que fallo en mi tarea. Cuando no puedo darles comodidad a mi esposa y a mis hijos, cuando no puedo protegerlos, cuando no puedo ayudarlos, cuando no puedo darles tranquilidad, paz, y sosiego, me siento muy mal, un completo fracaso… De inmediato comienza la cadena de explosiones: primero está el fracaso como protector, después arranca la voz de mi madre cuando me decía que cuando yo creciera no me iba a querer nadie, luego el fracaso económico y la voz de mi ex esposa diciéndome con odio que jamás serviría yo para nada en la vida, y a continuación la memoria se esmera en enumerarme y detallarme las veces que me he equivocado (que han sido muchas, pero la verdad no más que cualquier otro hombre de cuarenta y siete años), y eso me lleva a un profundo estado de pesimismo que me va ralentizando más y más hasta que me detiene y atrapa en el fondo de un hueco de nihilismo.

Esto sucedió imperceptiblemente durante tres cuartas partes de mi vida hasta que logré identificarlo. Lo hice con la ayuda de mi terapeuta, la lectura, y un desnudo auto análisis. Esta es la parte mas difícil, porque es muy fácil volverse una especie de hipocondríaco mental y ver síntomas donde no los hay, y no ver los que realmente existen. Es, supongo, lo mismo que pasa con las adicciones… Bueno, finalmente sentirse mal también es una adicción. Lo es porque cuando en el cerebro las neuronas se alinean en ciertas sinapsis dan órdenes a las glándulas para que segreguen ciertas sustancias a las que luego se vuelve adicto, y por eso es que el cerebro seguirá procurando alinear las neuronas de la misma manera… Es decir, que uno es susceptible de hacerse adicto a las cosas más estúpidas e inconcebibles… Esto es una buena noticia, porque quiere decir que también puede hacerse adicto a la felicidad, y cosas por el estilo.

Ahora tengo identificado el primer eslabón de la cadena y muchas veces soy capaz de aislar esa carga explosiva de las demás, pero no siempre, lamentablemente. Y el problema radica en el método que escogí para combatir esta situación… Sí, ciertamente soy un generador de métodos supongo que por carecer de lo que creo sería una genuina inteligencia integral, y me refiero a la inteligencia formada, no a la potencial, que de esa sé que tengo la que necesito. Por eso genero y genero métodos para todo. Algunos rayan en lo absurdo ¡pero qué carrizo! también hay que divertirse en la vida…

En ese sentido diseñé un sistema (no pretendo decir que yo inventé este procedimiento ni mucho menos, ya se sabe que las ideas emergen de manera simultánea en muchas cabezas al mismo tiempo) que llamé sustitución de pensamientos, y que funciona así, y expondré mi caso: surge la ilusión ególatra del fallo en mi rol de protector, se detona la siguiente carga que es la de no haber sabido (según mi mamá en aquel entonces) proteger a mis hermanitos, y después la de mi ex esposa por no haber sido rico antes de los treinta (ya se sabe, si a los treinta no eres rico, borrico)…, y después todo lo demás… Bueno, la primera explosión es muy difícil de atajar porque para el primerizo es casi imposible verla venir, entonces se toma cualquiera de los pensamientos subsiguientes y antes de que exploten se le sustituye por otro totalmente diferente, y de preferencia constructivo. Por ejemplo, al de mi mamá le anteponía que mis hermanos de hecho me quieren y no me consideran de ninguna manera un mal hermano mayor. Esto funciona porque rompe la cadena. Lo que pasa es que también se rompe lo que me dio por llamar la ecología del pensamiento.

No, no es ningún disparate porque, vamos a ver ¿quién no ha sabido que para combatir determinada plaga se hayan introducido una especie nueva y esto haya desencadenado una plaga mayor, como pasó con los conejos en Australia? Imaginémonos lo que puede pasar con la introducción voluntaria de un pensamiento artificial. Total, no hay manera de garantizar que los pensamientos tengan determinados caminos y resultados a la larga. Es muy probable que terminen causando algún otro tipo de desastre en el tiempo.

Una alternativa que me parece viable es la del no pensamiento de Krisnamurti, pero ¿quién es el machito que puede decir que la domina?

En condiciones ideales puedo ver a mi esposa molesta porque está incomoda en un momento dado, y aunque eso me haga sentir puntualmente mal sencillamente porque no puedo hacer nada inmediato al respecto, puedo darme cuenta de que ella ha decidido vivir conmigo y apañar con lo malo que tiene lo bueno y lo bueno que tiene lo malo, y que lo nuestro es un camino, una situación dinámica (sí, claro, la vida es, digamos, una situación dinámica idealmente hablando), y que si esta vez nos toca pasar un momento incómodo no hay ningún síntoma de que esto sea definitivo. De hecho, estamos iniciando un movimiento que cambiará radicalmente nuestro entorno y circunstancia, y que indudablemente influirá en nuestro confort, y en todo lo demás.

En esas mismas condiciones ideales puedo generar un pensamiento de resultados y consecuencias más o menos conocidos, e intercalarlo entre la generación de la incomodidad y la siguiente detonación anímica, y así romper la cadena de la desesperación.

El problema se presenta cuando la situación me agarra con un mal estado de ánimo. Sucede que, o no lo veo venir, o me le cae más leña al fuego…, y una vez que esto sucede ya se pone mas cuesta arriba detener el proceso intercalando pensamientos.

He estado usando un simple sistema de lo más pavloviano entrenando mi mente con la repetición como un mantra hipnopédico de frases que me ayuden a cambiar el tema de los pensamientos. El problema surge cuando la reacción está desencadenada porque la voz de mi ego es tan fuerte que acalla y avergüenza cualquier intento de apaciguamiento.

¿Qué puedo hacer contra eso? He encontrado que la sustitución de pensamientos es un subterfugio difícil de tragar por mi polifacético ego. Pero, la sustitución de pensamientos desagradables por emociones agradables puede ser un camino viable para lograr lo que busco y no correría peligros al destruir el equilibrio ecológico del pensamiento… No sé, déjeme usted explicarme, o al menos intentarlo.

Una de mis actividades que más tranquilidad me genera es mi trabajo. Sucede que me encanta mi trabajo. Soy básicamente un artesano de amplio espectro. Todo lo que hago lo hago artesanalmente. Trabajo la carpintería artesanalmente, hago mi casa artesanalmente, reparo cosas artesanalmente, fabrico cosas artesanalmente, y me gusta la sensación que esto produce por partida doble: porque me gusta hacerlo y porque me da la sensación de que ocupo mi tiempo provechosamente… Esto merece un comentario aparte: desaprovechar el tiempo es algo que me molesta tanto que hace algunos años saqué la cuenta de que un hombre de treinta años ha dormido diez, y padecí seriamente de insomnio llegando a tener que tratármelo para dejar de padecerlo… Bueno, pero no nos desviemos.

Lo que estoy experimentando ahora y me ha permitido salir adelante, es una sustitución de malos pensamientos por buenas sensaciones. Las llamo buenas sensaciones por el simple hecho de ser agradables y constructivas… Pienso en mí trabajando en algo en lo que haya tenido que invertir pericia e ingenio, y cuyo resultado me haya hecho sentir satisfecho. Luego llevo eso a un siguiente estado evolutivo y vivo la sensación de lo no creado aun, como dado por hecho… Es bonito, es agradable, es constructivo, rompe el ciclo malo del pensamiento, y no genera (hasta ahora) ningún desbalance ni obsesión.

Acabo de salir de un mal ciclo compuesto por todo lo que relaté en el artículo anterior, y una desagradable sensación de fracaso relativa a la construcción de nuestra casa ecológica. Cuando hablo de fracaso me refiero exclusivamente al hecho de que nuestra situación económica aquí en la isla Margarita nos esté obligando a dejar el proyecto por la mitad para ir en pos de mejores oportunidades de trabajo y de las consabidas y deseadas mejorías económicas. Exclusivamente a eso.

Debo hacerle honor a la verdad y añadir aquí que el procedimiento ha sido tan eficaz que no sólo me sacó del hueco en el que estaba metido, sino que no me ha permitido volver a él. Me doy cuenta con anticipación de lo que mi ego se trae entre manos pues constantemente estoy vigilando y sustituyendo sus nefastas invenciones… Pobrecito ego, no es más que un parásito ignorante y malcriado. Ojalá se ilumine ¿eh? ¡Jajaja! Mejor no me burlo. Ha resultado un enemigo formidable…

Además de todo lo anterior, este sistema me ha permitido tener las ideas claras y la mente receptiva, y esto me ha llevado a encontrar alternativas para uno y otro problema que no hubiera podido ver antes simplemente porque la vastedad del panorama que podemos percibir está limitado por la capacidad de nuestro sistema sensorial, y todavía se reduce más cuando tratamos de verlo desde el fondo de un hueco…

… Por cierto, la cita que más arriba atribuí a alguno de los Rimpoché o al Buda Sakyamuni es realmente de Shantideva. Me disculpan esa por favor…

domingo, 24 de abril de 2011

Emigrar, Natalia, y otras importancias capitales.



Una noche dio unas vueltas por la casa,
Y no resistió la tentación de detenerse en el corredor.
A los que estaban de frente les hizo señas de guardar silencio,
Y se le acercó a Andrés Ibarra por la espalda.
Le puso una mano en cada hombro,
Como garras de rapiña,
Y preguntó:
-Dígame una cosa, primo, ¿también usted me ve cara de muerto?
Ibarra, acostumbrado a esas maneras, no se volvió a mirarlo.
-Yo no, mi general- dijo.
-Pues está ciego, o miente- dijo él.
-O estoy de espaldas- dijo Ibarra.

“El General en su Laberinto”
Gabriel García Márquez.
Editorial Sudamericana. P. 168.



“Necesito ayuda. Cualquier clase de ayuda.

Lo que tenía que suceder entre Natalia y su mamá, sucedió. La tensión que han venido acumulando entre ellas por fin estalló éste fin de semana pasado por un detalle sobre una película que estaban viendo en su casa, actividad que no reviste mayor conflicto usualmente, pero que en éste caso desembocó en gritos, insultos, y castigos para con Natalia.

Me cuenta mi niña que su mamá le dijo cosas que una madre que dice querer a su hija no diría nunca. Por ejemplo, en una misma frase incluyó ocho veces la palabra idiota… Lo anterior es una cita textual de lo que me contó mi hija.

Ayer en la mañana Natalia se quedó dormida y perdió el día de clases pues nadie se hizo cargo de ella para llevarla y hablar en la coordinación del colegio para que la autorizaran a entrar. Todo como parte de una retaliación ni se sabe a cuenta de qué.

Natalia tiene que lavarse su ropa, prepararse sus comidas, hacer sus tareas, levantarse sola en las mañanas, alistarse, y después despertar a su mamá para que le haga el favor de llevarla a clases…, y sólo tiene trece años. A veces no almuerza, sino que come cualquier tontería a la hora de la cena.

Bien, lo sé, nadie se muere de eso y finalmente las contrariedades de la vida colaboran para la forja del carácter. Sé que no es una iniquidad ni mucho menos. Lo que me enciende fuertemente las alarmas es que al comunicarle Natalia a su mamá que se viene a vivir conmigo, le fueron volteados sus argumentos de manera tal que Natalia se vio forzada a acusar a su mamá de ser una mala madre. Es decir, que no hubo ningún intento conciliatorio de parte de la mamá. Ésta le dijo que vivir con ella no era una obligación sino un privilegio, que si a Natalia le parecía que ella había sido una mala madre que era muy libre de irse a donde le diera la gana… Bueno, en fin… Eso no tiene una importancia capital, pero al culpabilizar a Natalia por lo ocurrido sembró algo que sólo el futuro dirá, y ojalá que no sea nada demasiado malo. Tal vez consiga yo un modo de ayudarla a que esa mala siembra no le cale muy hondo.

Conociendo bien al personaje en cuestión, estoy seguro de que necesitamos respaldo legal, un abogado instruido en el caso, no sé, algún tipo de defensa… Cada vez que ocurre cualquier cosa, ésta señora nos bate a todos contra el suelo porque tiene a Natalia como arma de la cual yo no me defenderé jamás…

El problema serio se presenta porque nosotros nos vamos a vivir a los Estados Unidos éste año, y en primera instancia no me puedo llevar a Natalia hasta que haya transcurrido un lapso legal. No sé que tan largo sea, pero hasta donde sé, no se puede venir de una vez con nosotros porque ella queda sujeta a mi propia visa, que tampoco ha salido aun.

Ella tendría que volver a casa de su mamá cuando yo me vaya y quedaría a merced de nuevos y renovados maltratos. Ciertamente que no son maltratos físicos, pero la vejación mental constante, puedo dar fe de ello, es horrorosa.

Tengo claro que ellas son madre e hija, que esto es un hecho indisoluble, que las relaciones con la madre siempre son un lío (en el mejor de los casos), pero yo como padre no quiero dejar a mi hija a que tenga que lidiar sola con ese tamaño problema. Tengo que apoyarla totalmente.

De hecho ya le conseguí las cajitas para que mude sus cosas para acá, esta misma tarde se las llevo, y mañana la voy a buscar para que se mude con nosotros.

Aquí ella cuenta con la solidaridad de todos, con un recibimiento para con quien llega a su casa. Esta es para nosotros una ocasión de alegría. Y es una situación que agradezco enormemente.

Lo inquietante es que no sé a qué atenerme. No sé que disposiciones legales tengo que asumir. No sé qué va a pasar cuando yo me vaya. En ese lapso en el cual tendrá que regresar con su mamá. Temo que la venganza sea horrible.

La mamá de Natalia debe tener algún tipo de problema que yo no puedo aventurar a calificar, pero es algo que la hace actuar de una manera que le hace difícil la vida a las personas que tiene alrededor. Entendiéndose perfectamente que la persona que me preocupa es mi hija. El resto ya no es de mi incumbencia afortunadamente.

En la ocasión del divorcio nuestro, con todo y que yo no ofrecí resistencia, cometió fraude con los valores del pequeño patrimonio que teníamos, botó los papeles del carro viejo que me quedó a mí y ahora es un lío porque no lo puedo vender, utilizó a Natalia de maneras indecibles…, en fin… Una persona muy extraña…

Yo, la verdad, necesito ayuda. Asesoramiento, consejo, apoyo de algún tipo… No sé si se me está poniendo otra trampa más. No la veo, pero puedo intuirlo…

Si hay algo en tus manos que puedas hacer, decir, pensar, lo que esté a tu alcance, por favor ponlo en práctica. Tal vez sea crucial para nosotros, para seguir adelante por dentro de éste espinero tan desagradable y salir con bien…

Me sirve apoyo legal, moral, intelectual, un simple espaldarazo, un “dale que tú puedes”… Lo que sea…

Gracias mil…”

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Todo lo anterior lo escribí hace cuarenta días cuando Natalia mi hija decidió venirse a vivir con nosotros aquí, en La Guachafita inconclusa. Ahora sé que es muy poco lo que puedo hacer para que podamos emigrar todos juntos. Poco no, más bien nada…

Las leyes dicen que apoyan a los menores de edad y tal vez de algún modo así sea, pero en este caso la única vía legal pasa por inhabilitar a la madre, que siendo la habilísima manipuladora que es, resulta poco menos que imposible. Ningún juez lo hará por más que ella sea adicta al Rivotril, maltrate verbalmente a Natalia, la atienda mal, y no le exprese cariño. O sea, que cualquier diligencia por mi parte choca con procedimientos que no apoyan ni mucho menos favorece a Natalia específicamente. Como tampoco apoyaría a Natalia el dejarla sin mamá, vamos a estar claros…

Afortunadamente ella sigue aquí en nuestra casa y por el momento podemos cuidarla y quererla a todo lo que damos. Podemos disfrutarla, darle montañas de cariño, y sí, por qué no, también mimarla…, pero ya sabemos que aunque vayamos a la lucha legal, perderemos todos. Natalia no emigra con nosotros hagamos lo que hagamos, por lo menos no este año.

Claro que el tiempo tiene, por decirlo de una manera, la costumbre de transcurrir. En el transcurrir del tiempo muchas circunstancias cambian, nuevos sectores de la realidad aparecen y la vida da un vuelco normalmente para donde no nos gustaría, pero si algo tenemos los seres humanos es una gran capacidad de adaptación y de superación de contrariedades. Es por ello que aunque me siento tan profundamente triste sé que no hay que desesperar. Este universo se expande, el mundo sigue girando, la vida sigue, el tiempo continúa su curso, y tal vez si sabemos esperar el viento decida soplar hacia donde queremos ir aunque sea por simple coincidencia.

Anoche conversábamos con unos amigos en una cena a la que fuimos invitados. Hablamos sobre muchas cosas relativas a la vida, al pasado, el presente…, el futuro lo tocamos poco porque es un tema nebuloso…, bueno, el pasado también lo es, pero lo parece menos porque se supone que lo tenemos fidedignamente registrado en alguna parte del cerebro y por eso pensamos que es real. En fin…, el caso es que me di cuenta de que estamos cansados, cansados a niveles de derrota. Escogimos un camino escabroso para vivirlo, y aunque lo hemos disfrutado profundamente, ya nos cansamos y queremos hacer otra cosa.

Me di cuenta de que las cosas van saliendo bien, que en su momento pude deshacerme honrosamente del carro viejo con todo y que mi ex esposa nunca quiso darme los documentos para que yo pudiera venderlo. También me deshice del velero que ya se estaba poniendo invendible. Lo compró un hombre que está haciendo una posada temática llena de restos de toda clase de botes y así el velero nuestro se convirtió en un bello adorno para su jardín… Algunas maquinas ya las hemos vendido a un amigo artesano de Barquisimeto. Mi vieja bicicleta se la cambié al mecánico por un trabajo que necesitaba nuestra camioneta… Y hasta donde vamos existe un tío interesado en quedarse con nuestra casa a condición de que la termine un poco más. Menos mal que hay tiempo aun.

En mi defensa tengo que decir que yo no decidí recorrer la vida por el lado arduo por motivos heroicos ni nada que se le parezca. Me di cuenta anoche, conversando con los amigos, que todo lo que pasó fue que no entendí bien una explicación clara que sobre la vida debí haber entendido en su momento, y al tomar mis propias riendas me dirigí hacia donde no era. Eso sí, por motivos muy loables y llenos de méritos. Eso me quedó claro.

Ingenuamente me convencí de que si yo hacía las cosas como yo creí que se hacían, obtendría exactamente lo que quería… Caramba, qué manera de equivocarse… Las cosas se hacen como se supone que deben hacerse, como se han hecho siempre, con la menor cantidad de cambios e innovaciones, con aspavientos, propaganda, fanfarria, algazara, y ruido… También como con las matemáticas y sus procedimientos, y el hecho de que si nos explican para qué sirven las entendemos muchísimo más fácil…

Pero déjenme explicar por qué. Porque no quiero que entiendan que si millones de vacas comen pasto, el pasto es el mejor alimento porque tantas vacas no pueden equivocarse… Para ello, por favor, acompáñenme en una de mis vueltas.

Estoy inequívocamente convencido de que la vida es un fenómeno colectivo, no me refiero al Perogrullo del fenómeno biológico el cual obviamente es común a todo lo que está con vida, me refiero a la parte filosófica de ella. Quiero decir con ello que desde la obviedad de las necesidades básicas, hasta los anhelos más elevados y poéticos, son los mismos en todos los seres humanos salvando sus particularidades geográficas y políticas… Esto es un descubrimiento interesante, como el del agua tibia. Y aun más interesante es que la interconexión entre las personas funciona como un intrincadísimo sistema de vasos comunicantes, y que por eso es que lo que falta aquí sobra por allá, lo que sobra por acá no se encuentra en otra parte, y que en fin, que todo lo que nos comemos nosotros no se lo está comiendo otro. Quiero decir que sí, que sólo es posible medrar en la falta de los demás, y que mientras mayor es la opulencia de unos sectores, más profunda será la pobreza de otros. Por eso el hombre es, ha sido, y será siempre, un ser guerrero e invasor.

De lo que me di cuenta anoche una vez más, es de que la vida individual es muy corta, que el único tributo que le tenemos que rendir a nuestra vida es precisamente vivirla, que una vida infeliz es una vida derrochada, una falta de respeto para con esa casualidad que hizo que en vez de piedras inertes seamos en cambio pretenciosos homínidos salvajes. Sobre todo si tomamos en cuenta que los átomos son los mismos, sólo que reunidos de otro modo…

Me di cuenta, entre otras cosas y en lo tocante a mi vida, de lo absurdo que es intentar demostrar que se puede vivir con un bajo consumo energético (y no hablamos de teorizar al respecto) que se puede vivir racionalmente, que es más, que se tiene que vivir así si queremos que la humanidad perdure y que además las diferencias sean menos profundas entre unos grupos humanos y otros. Es absurdo desde un principio. Es absurdo… Y si no me creen háganse la siguiente pregunta: ¿ayudará en algo a mi difunto bisabuelo que mi hija exista? O esta otra ¿te impide disfrutar un buen whisky creer que tal vez tus bisnietos no nazcan? Yo creo que para ambas preguntas la respuesta correcta es no sin darle muchas vueltas.

Una vez supe que la vida de unos se hacen sobre los cadáveres de otros, y que desde mi punto de vista práctico prefiero que sea mi vida, y los cadáveres sean de otros… En alguna parte de mi vida dejé entrar la idea de que en este mundo cabíamos todos, o más bien que los cadáveres de los otros bien podían ser de otros que murieran de muerte natural para dejar paso mansamente y por un profundo sentido lógico de perpetuidad de la especie, a las nuevas generaciones sin que estos tuvieran que mancharse las manos o algo así, no sé si me explico… El caso es que pensé que si uno racionalizaba los recursos, es decir, que si los repartíamos mejor seguramente habría más para todos, total, para qué quiero cinco carros y dos barcos si yo soy uno solo…

Por eso hicimos el experimento de la casa ecológica hasta ahora inconclusa. Por eso decidimos tomar un camino que no es el camino ortodoxo para vivir. Por eso nos entristecía (y aun entristece pero ya por otras razones) la mezquina visión clase media de la vida… Pero ahora me doy cuenta y doy por completo mi brazo a torcer. Los cachorros recién nacidos se pisotean compitiendo a muerte con sus hermanos por su derecho a la teta. De una camada suele morir un alto porcentaje. Mueren porque no hay leche para todos. Si cada uno bebe un poco menos de leche habría para todos, pero seguramente serían todos animalitos promedio, subdesarrollados…, nunca revelarían su potencial completo.

Ja,já…, que no somos animales dicen ustedes… Malas noticias o tal vez buenas: sí lo somos… O somos animales, o nos portamos como ellos… Es lo mismo al final…

Lo que sí es cierto es que ningún hombre debe estar al servicio de las ideas, tienen que ser las ideas las que están al servicio de las personas. Las ideas son esos modelos con los que se intenta explicar la vida. No son la vida. Téngase siempre en cuenta que para construir un modelo hay que dejar afuera tal vez más variables de las que han podido ser incluidas… Eso no es la vida, es un juego con el que se pasa la vida… La vida no se circunscribe a un laboratorio, aunque en los laboratorios haya vida, por supuesto.

Y también encuentro cierto que la vida transcurre constantemente reptando en ese estado que llaman presente continuo, y que no hay manera de esquivarla. No hay manera por más que uno se construya modelos y se ancle a ellos.

No tiene que importarme que mis hijos no conozcan aquellos pozos cristalinos de los ríos de montaña de mi niñez. No tiene que importarme que mis hijos no coman aquellos alimentos sanos que yo comí. No tiene que importarme que mis nietos lleguen a un mundo lleno de basura y profundas brechas sociales. No tiene que importarme que tal vez no haya un mundo al cual llegar cuando les toque a mis bisnietos. Digo todo esto con la mayor sinceridad, sé que suena feo, pero es cierto. Total, yo no estaré ahí, y de todas maneras la perpetuación de mis genes no son mi mayor prioridad, aunque sí, también, porque si esto de plano fuera así no me preocuparía tanto por mi hija quien al fin y al cabo lleva mis genes adelante… Qué animalito pretencioso soy…

Lo que tiene que importarme es que estoy vivo y que mientras viva debo observar ciertas reglas sencillas: que cuando se trate de cadáveres siempre sea el de otro en la medida de lo posible; no mudarme al África o más al sur en este “afavelado” tercer mundo; y al Asia, ni de paseo a menos de que sea a Shangai por el lapso justo como para hacer algún buen negocio… Por otra parte debo tender a que todo lo que aprenda sea vendible, como decían mis amigos anoche: vendible todo lo caro posible y con el mínimo esfuerzo… De hecho, sé que alguna vez convertiré todo este contratiempo en billetes de curso legal…, puedo verlo claramente ahora…

Por lo tanto, aunque emigrar en esta ocasión signifique tristemente separarme de Natalia y dejarla a merced de su mala madre un tiempo, es lo único que puedo hacer mientras adquiero un poco de orden en mi vida, mientras aprendo a pararme sobre cerros de cadáveres, mientras adquiero esa habilidad clase media de tener como única habilidad la de aprovecharse de la de los demás... Además aprovecho y hago mi mejor esfuerzo para ver si dejo de experimentar estos desengaños atroces cada vez que me doy de narices contra las paredes de concreto armado por mi propia estupidez…

O no, quién sabe… A lo mejor aprendo a disfrutar más, a dejar de pretender que hay una mejor manera de hacer las cosas, sobre todo si pretendo que es mejor para un promedio con el colectivo y no para mí y los míos ¡qué clase de imbécil! Con razón mi amigo se reía de mí ¡Ahora lo entiendo!…

Pero también puede suceder que a lo mejor el viento cambie, la marea afloje, el mar se calme… Tal vez nos suceda como al sapito que se mantuvo a flote dentro del pozo… A lo mejor más adelante pase alguna de esas cosas que escapan a mis posibilidades actuales y se dé la ocasión de que mi hija regrese con nosotros o nosotros con ella…

Pero por lo pronto está aquí y nos podemos disfrutar, máxime, si dejamos de pensar en el mañana incierto… Que hoy dure todo lo que pueda durar…

¿No?

jueves, 17 de marzo de 2011

La culpa es de la consciencia.




Al lado de la pocilga había un pocito con una tabla a cada lado
Para colocar los pies mientras hacías aguas, tanto mayores como
Menores. Eso era antes de que nuestro pueblo pasara por la
Reeducación sobre desechos colectivos. Y a partir de entonces, ya
No bastaba con entregar tu mente, tu cuerpo, y tu sangre al bien común…
¡Tenías que entregar también Tu mierda,
Igualito que los impuestos norteamericanos!

Los Cien Sentidos Secretos. P 285.
Amy Tan. Tusquets Editores, s.a. 2002



Basta de llorantina. En toda mi vida parece que no he hecho otra cosa que llorar. Lloro porque me quedo, lloro porque me voy, porque ni me voy ni me quedo, porque me quedo pero me voy… Lo dicho: Basta de llorantina…

Por la lloradera que cargamos siempre algunos, que no voy a meter aquí indiscriminadamente a toda la humanidad, es por lo que gente como Coelho y su combo escriben exitosamente (suponiendo que un montón de libros vendidos sea síntoma rotundo e inequívoco de éxito más allá del económico, y no es que no me guste el dinero, dejémoslo claro) cosas con nombres como “Quién se robó mi queso”, “El monje que vendió su Ferrari”, “La culpa es de la vaca”, y todas aquellas variantes pertinentes que al mismo tiempo me resultan tan impertinentes. Me lo resultan a mí, al que le guste, que le aproveche. No me tome a mal, le ruego.

Pero en lo que a mí concierne ya me cansé de ésta vaina. Que si piense y hágase rico…, ¡nojoda! vaya usted a saber qué tenía en mente el señor que escribió eso, pero lo que soy yo, si lo pienso mucho no me hago rico y piense usted lo que quiera pensar al respecto, naturalmente, pero estoy seguro que mientras más se lo piensa uno, menos rico se lo hace…, en fin…

Tanto lío aquí y tanto lío allá ¡Ah! ¿Te vas para el imperio? Bueno, no te va a resultar fácil. No te vayas a pensar que vas a llegar comprándote casas y yates, eso allá no es cómo aquí…, sí, yo sé que tú lo sabes, pero mi deber de amigo es advertírtelo… Já, ja…

Mira, mi amigo, yo soy tan feliz aquí como lo seré allá, o tan infeliz aquí como allá, no existe diferencia porque en todas partes se cuecen habas. Y si no me quedo es porque ya tengo cuarenta y siete años aquí y cada día es la misma vaina: salgo en la mañana con una meta que se me complica y se me complica a lo largo del día para regresar en la noche con los logros a medias porque tuve que perder parte valiosa de mi horario laboral en colas, esperas, trámites, enredos, que me redujeron la jornada a la mitad y no pude terminar lo que tenía que hacer…, y bueno, no importa, mañana termino…, pero amaneció lloviendo y así no se puede aplicar el sellador porque se pone blanco, a ver, esperemos a ver si sale el sol…, no importa, se entrega mañana…, mira, aquí está la pieza ¡Qué linda! Oye, pagamos los jueves ¡Rayos!

Nunca hallé más razón en palabras algunas como en las que dijo Vargas Llosa acerca de en qué tiempo escribir, si para vivir me hacen falta siete empleos nutricios…

Póngase a ver: ¿Cuántas horas al día se pasa uno en una cola de carros? ¿Cuántas horas te echaste hoy en el banco? ¿Cuánto tiempo te tomó hacer la declaración? ¿Fuiste al médico? ¿Y cómo estaba la cola en el supermercado? Hoy hice el mercado en veinte minutos y me demoré más de una hora en la fila para pagar porque de treinta cajas que tiene dicho establecimiento, estaban funcionando seis ¿Cuánto rato tomó buscar a los carajitos al colegio? Hoy me tardé más de cuarenta minutos ¡Ajá! ¿Y en que coño ‘e madre momento se trabaja en esta vaina? Menos mal que existe el sentido del humor ¿o será por su culpa más bien?

Cierto que tengo el peor estatus laboral de todos pues soy auto empleado. Ja, ja, sí, voy y vengo como quiero, ja, ja… Nojoda: duermo con el jefe, como con el jefe, me baño con el jefe, no me deja descansar, no me le puedo esconder al esclavista de mierda ese… Encima de que tengo que enjabonarlo y aclararlo, no hay forma de que me de un aumento de sueldo ni que le ruegue… Y de todas maneras siempre se me olvida algo, me equivoco, cometo errores, y todos son imposibles de ocultar o por lo menos escurrir… Pero ¿qué prefieres, cola de león, o cabeza de ratón?

No tengo vacaciones porque éstas constituyen doble pérdida, la que significa el gasto de las vacaciones, más lo que dejo de producir durante dicho lapso. Así que, de las vacaciones, olvídate. No se puede.

Y no se crean, en medio de mi caos he venido resultando un tipo de lo más organizado, sí, es que he aprendido a utilizar el Excel que trajo mi antiquísima y súper repotenciada computadora y ahora sé, virtualmente, a dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol…, no, mentira ¡jajá! me refería a las briznas de aserrín ¿Sabía usted que de cada tabla que uno compra más del veinte por ciento se pierde en aserrín y virutas? ¿Y que dependiendo del tipo de maderas, si tiene muchos nudos o imperfecciones, la pérdida sobrepasa el cincuenta por ciento de lo comprado? Súmele usted a la pérdida directa, o merma que también le llaman, el desgaste de máquinas y herramientas que son importadas a dólar criminal, súmele la alícuota del alquiler del local, la electricidad, los consumibles, el uso del automóvil (cuando lo puede usar y no está secuestrado por Toyota de Margarita, C.A.), los aceites, ceras, barnices, tintes, pegamentos…, en fin, todo lo que resulta carísimo de comprar (y tardado de conseguir pues se pasa uno días y días de búsqueda para perder más tiempo aun), súmele usted el tiempo perdido en bancos, ministerios y trámites varios, súmele el tiempo que se echó el hombre en reparar el caucho pinchado por pasar sobre un aluvión de escombros que dejó la última lluvia por la ausencia de la canalización de dichas aguas…

Súmele, súmele… Métale también la hora hombre diluida en tres horas hábiles al día cuando hay suerte… Súmele lo que costó el libro de facturas… Súmele, súmele… Súmele las diez unidades tributarias de multa que me encajó un policía por tener el pelo largo y el certificado médico de manejar vencido. Bueno, me paró por lo del pelo (no me cabe duda, pues tenía diez años con el pelo corto y en ese lapso nunca me paró un policía, me dejé la última tumuza de mi vida, y ¡zás! Me agarraron los pacos. Eso me pasa por viejo payaso. Viejo blin ¿eh, Marielena?), y yo colaboré teniendo la documentación incompleta…, ya saben, el caos y el ocio en confluencia.

Ahora pregunto yo ¿Cuánto vale el dichoso gaveterito ese que salió de mi esfuerzo? No señor, si quiere usted comprarlo barato cómprelo importado de la China. Contribuya usted con los sueldos de esclavitud de allá. Contribuya usted con la especulación de aquí. Contribuya usted con el malandraje y la desocupación local de allá y de aquí. Contribuya usted con el pícaro interventor de aduanas, con el recaudador, con el guardia, con el del sindicato, contribuya usted con la familia Urdemalas en pleno, todo, a costa de su país. No me joda, por mí se va usted y su mala maña al mismísimo carajo… Eh, no es con usted, es con otro usted que ya usted sabe… Y no se me confunda, que aquí el único que se va para donde señalé antes soy yo…

Dije alguna vez que ya tengo diez años aquí en esta isla horrible (linda para el visitante pero pésima para el local) y todos los días son iguales. Mi querido y admirado Cortázar dijo alguna vez que las Esperanzas son bobas, y siendo yo por lo mismo un Cronopio, no quiero ser bobo sino bailar Catala… Pero dejemos lo críptico a un lado porque éste es un problema simple, es el problema de Miguel el del Génesis de Virulo: “¿Quién dijo que el que no trabaja no come? ¿Quién dijo eso, chico? Lo que trabajas, en trabajar se te va […] menos perro, menos pulgas, más fresco, menos calol…” Entiéndase… Y tengo diez años aquí en ciclos que van de menísimos a un poco menos que casi representa un aumento por culpa de la relatividad de las cosas, pero que en lo que parece que ya es más ¡Zás! Se va para abajo en un rapto suicida, de tan menos, que me deja tan abajo como al principio…, pero un poco más viejo. Pero uno sigue pataleando como un sapo en un pozo. Porque puede ser que pase algo. Porque puede ser que la situación mejore.

Basta, que no lloro más. Me voy de aquí, y no es para Choroní…, pero sólo porque ya no estoy en edad de esas cosas.

Y me pongo a observar, se los juro por lo más sagrado que no lo hago con amargura, a los paseantes casuales y los veo con esas expresiones enigmáticas de alegría y alborozo que me deja perplejo… Llegué a pensar que a mí me faltaba ése dato, que a mí no se me daba bien eso de la perspicacia, que no estaba siendo capaz de captar las sutilezas entrañadas en el devenir telúrico de lo humano que lee las venas al salitre, toro bramante de la realidad apisonadora… En fin… ¡Jeje! Un tango…

Y traté, y busqué, y exploré, y sin querer hacer de Dr. Livingstone (I presume) ni mucho menos de Henry Morton Stanley, ahondé en el tema hasta casi volver a la cordura atravesando toda la locura y saliéndole por el otro lado con muchas ganas de quedarme allá, más bien, negándome a regresar.

Algo saqué en claro: no es la amargura la que me solucionará el problema, así que de un modo u otro (caray, que no soy tan bruto) tengo que dar con el secreto. Me le metí relancino a un librito del Paulo ese ¡No! ¡Qué va! No puedo con eso… Traté con el monje, pero es que yo ni tengo ni quiero Ferrari alguno (y no es que las uvas estén verdes ni que yo pretenda equipararme con Esopo ni con Samaniego, es que simplemente aquí no hay carreteras para Ferrari, no hay repuestos para Ferrari, no hay estacionamientos para Ferrari, y hay demasiados secuestradores para los dueños de los Ferrari. He ahí por qué, ni teniendo cómo, quisiera un Ferrari), nadie me ha robado ningún queso, y definitivamente, si lo pienso, no me hago rico…

Entonces, así, un día cualquiera, sin estar pensando en ello, sin comerlo ni beberlo, vi la luz…

Estaba sentado junto a la barra de una taguara en la que se come y se bebe, hablando con unos conocidos viendo pasar la gente ¡Allá va la Lola Flores! Comenté yo riéndome de una señora que pasó pisando con garbo. Los amigos me miraron con los ojos vacíos ¿la Lola quién? ¡Mira que allá va Asterix! ¡Y con Obelix! ¡Jajajaja! ¿Axtequién con obequééé? ¡Y Mira, Borges no era ciego después de todo! ¡Ni cejijunto! ¡Jajaja! ¡Pajúo! Me refería a Jorge Luís Borges, no a Julio Borges… ¡Tuuut! ¡Tuuuut! ¡Tuuuut! El teléfono de la mente de mi amigo sonaba ocupado… Y ¡Ojo! No estoy hablando con un metro sexual que se perfuma más que una mujer y usa más lentejuelas que una cantante de cabaret. Es un tipo empresario y bastante exitoso… Y ahí, como una epifanía apareció la verdad: ¡la consciencia! ¡Todo es culpa de la consciencia!

Claro ¿qué herramienta usa uno para concatenar los hechos de la vida? ¿Con qué se interpreta la historia? ¿Cómo se las arregla uno para extrapolar datos e imaginar el devenir? ¿Cómo es que uno puede apreciar a todas luces que el jardín del vecino es más verde que el de uno? Fácil: Porque está consciente de ello. Porque le mete cacúmen. Kokoro, diría un japonés… Es la consciencia la parte pesimista y realista del proceso mental… Sí señor…

No, la información y la cultura general tienen poco qué ver. No es necesario que un arquitecto sepa quién es Sabater ni mucho menos qué escribió dicho señor. No, realmente no es necesario. Se preguntaría Manolito el de Mafalda que de qué sirve saber que el Everest es navegable ¿eh? Pero para tener dos o tres cervezas en el pensadero y que le pase a uno por al lado una doña con salero y peinetas y no sea capaz de relacionarla con la Lola Flores, un hombre de mi misma edad y contexto, es porque tiene una capacidad de focalizarse, de centrarse, de olvidarse de lo demás y sacar su negocio adelante sin ni siquiera saber que tras varios terremotos y epidemias, los pobres haitianos están más jodidos que nunca…, los japoneses no, porque en cinco años estarán como nuevos (igualito que en Vargas con su deslave y las promesas gubernamentales ¡ja!)… Yo personalmente, lo admiro como el que más…

Cuando menciono a la consciencia no me refiero a la acepción moral de la palabra. Me refiero al nivel del gavetero de la mente en el cual trabaja ella. Es la parte del pensamiento que está activa y presente, la que es descreída y calculadora (o todo lo contrario que coño, no estoy juzgando). Porque el inconsciente es un enjambre que se mueve ni se sabe cómo ni para dónde y te da las respuestas sin el procedimiento, y es tan difícil que sólo algunas mujeres, geniales mujeres, saben usarlo con éxito… Y ni hablemos del subconsciente. Ése es un nido de inconfesables. Es mejor ni jurungarlo…

Entonces, la culpa no es de la vaca, ni Verónica decide morir, ni el monje vende el Ferrari (aunque si yo fuera el monje no dudaría en vender semejante desatino motorizado), ni si te lo piensas te harás rico ¿o sí? La verdad es que la culpa de todo la tiene la consciencia.

Pero como quiera que donde se cierra una puerta se abre una ventana, gracias a la consciencia que he tomado de lo tonto que significa pretender que si siembro una semilla de mango germine una mata de aguacates (por más que insista) es que he podido sacar en claro que Vargas Llosa tiene razón.

También tiene razón el doctor Axel Capriles cuando asegura que tanto el pícaro como el héroe (arquetípicamente hablando) son los responsables de la perpetuación de este sistema tramposo comercial que nos aprisiona y ancla en el subdesarrollo per secula seculorum.

Tanto el pícaro como el héroe son producto de una situación difícil, miserable, de escasez. Unos, los más desvalidos y con baja autoestima harán de pícaros y tramposos para sacar provechos menudos con la finalidad de saciar el hambre de hoy sin pensar en el mañana, ni mucho menos en las generaciones venideras. Otros, los más fuertes, arrojados, y más brutos tal vez, harán de héroes azotando con pillajes, violaciones, abusos, corrupción, muerte y destrucción, para lograr el poder.

Tal vez con la muerte del último tramposo junto con el último Mesías (caudillo, que no molesto a los que tienen fe) logremos salir hacia una mejor suerte como colectivo… Lo que pasa es que ¿quién tira la primera piedra?

Debo, por lo tanto, hacer mi vida un poco más eficiente para hacerla más productiva, para de éste modo, poder competir con la esclavitud en China y en el sudeste asiático. Sí, la esclavitud, el hambre, la miseria, la contaminación ambiental, la corrupción, la especulación, la amargura, y salir airoso para dejar la llorantina de una vez por todas… Y como no existe modo para lograr la utopía, eso ha de ser, en otro nivel de consciencia… En el espacio, y en el tiempo…

Pues sí.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Aldea ¿Global o local? That is the question.



“Sujeto audaz y trapisonda, mudable como su gusto,
Mentor de simples y embaucador de bellacos,
Enemigo del trabajo y apasionadísimo de su regalo,
Sagaz para descubrir su provecho y tracista para lograrlo:
Travieso, pero no punible; maleante, pero nunca criminal;
Más siempre ingenioso y siempre admirable…”

Cotarelo y Valledor (1920)
Enciclopedia Espasa Calpe, p. 1272.


Esperaba que a mi edad, es decir, que ya a los años que he (mal que bien) logrado acumular, ciertas respuestas estarían de mi lado, por aquello de que más sabe el diablo…, y todo lo demás que ya sabemos.

Temo que no presté atención suficiente cuando se me dio esa clase. Tal vez por estar pensando en que esos viejos pesimistas tan poco creativos que me decían cómo es que era la cosa no tenían ni peregrina idea de cómo es que es la vida realmente. Clase en la que se me dijo una y otra vez todo sobre el viviendo, así, en presente continuo.

En cambio me puse a elucubrar sobre lo dicho por pensadores que se me informaban como ajenos y sobre todo lejanos (porque siempre el prado del vecino…, bah, lo de siempre) firmemente convencido de que aquellos y no éstos estaban en el camino correcto.

Así fue como, tal vez, llegué a ésta edad no tan mala de la vida para darme cuenta de que éste mundo es el reino de lo ambiguo y lo contradictorio. Es decir, que los enteros son productos algebraicos y hasta logarítmicos siempre incompletos, que por más que se intenten meter en norma se salen porque para enunciar la ley forzosamente hay que dejar afuera de la ecuación datos imposibles de interpretar, y asumir las incógnitas todas las veces que se planteen hasta la obtención de ésta realidad que difiere tanto del modelo tan científicamente construido.

El párrafo anterior sólo pretende aclarar que el fenómeno de la vida filosóficamente hablando (ojo, señores biólogos que no me meto con ustedes) no es digital. ¡Ah! ¡Claro! Se puede hacer un modelito de esos también con un intrincado sin sentido binario que en verdad parece, pero más ciertamente todavía nunca se sabe si es o no es… O sea, que se sabrá alguna vez, llegado el momento, si es que hay alguien ahí de testigo y si éste consigue quien le crea.

Seguramente existen quienes aun creen en la verdad y en la mentira, en lo blanco y lo negro, en lo bueno y lo malo, en la vida y en la muerte (y ya me dirán que uno está vivo o está muerto, y sí, pero el punto de vista que ahí priva es el de la propiedad privada, porque tal vez yo me muera, pero en mi cadáver seguirá pululando la vida, la de multiplicidad de bichitos espero) ¡Existen maniqueos! ¡Sí, aun hoy!, o como yo: cínicos esperanzados en defensa propia. Lo necesario como para no morir de desengaño cada día.

Resulta incomprensible la utilidad del concepto krishnamurtiano de la aldea global, viendo hoy en día cómo aun con toda la masificación de la información y la vastedad con la que se publican los efectos de la destrucción concienzuda que de todo se hace, no se logra ver que en efecto la aldea es nuestro globo. Quiero decir que echarle la basura al vecino no aleja en nada dicha basura de nuestra casa.

Y en un mismo orden de ideas, si yo le rompo el alma a cada vecino (el tercermundista minero y agricultor, por ejemplo) para crear mi fortuna y en efecto lo consigo, cuando yo muera, mis hijos heredaran unas riquezas en especies de odios sumamente estériles. Y dificulto que de seguir ellos mi línea logren tener mis nietos qué llevarse a la boca más que ensaladas de billetes con tropezones de monedas, para ese entonces ya no de curso, ni legal, ni ilegal.

En efecto ¡qué coño importa! Lo esencial aquí es que mi inmensa, innecesaria, y a todas luces injustificada camionetota no me la quiten en un “Secuestro Express”… Ni, claro, no le quiten el iPod o Blackberry mortal a mi hija ni le den un mal golpe en el ojo derecho para ello…

Pero todo al final es hijo de la mentira y el engaño, la trapacería y el agavillamiento, la trácala y el oprobio, la humillación y el asalto… Hampones, maulas, ladrones, malandros, abigeos, agiotistas, mangantes, tunantes, salteadores, y más nombres que no me vienen a la memoria son los que usan de apellido desde los ministros hasta los pordioseros. Así, las razas superiores serían las que llegan a asesinos, matones, sicarios, y en general todo aquel que quita más vidas de las que da.

Esto tiene su lado bueno, si se quiere ver, porque claro, está también el control demográfico que no es causa baladí.

Los buenos no existen (o no existimos, pues tengo por obligatoriedad que incluirme entre los inexistentes como prueba fehaciente de nuestra inexistencia porque al fin y al cabo dos negativos se suman, lógicamente) porque sencillamente, y por culpa de la relatividad de las cosas, siempre serán malos para alguien. O como dice Jostein Gaarder, hacen el comodín de la baraja.

No se trata de ver la razón o la falta de ella aquí, ni en ninguna otra parte. La razón es veleidosa y en nada coincide con la realidad. Es una invención más, calenturienta y acomodaticia, del intelecto humano. La razón siempre está de parte del vencedor, del que puede pagarla, del que ha sido bien alimentado, formado, educado, e instruido, a fondo, en cómo usarla para sus fines sean los que sean. Y de nada vale al final tenerla o dejarla de tener, si median uno o dos garrotazos bien dados, acomodados, y recibidos, en su justo valor. Por supuesto.

Entonces giramos la cabeza con cierto asqueo mediante, cerramos los ojos a todos los despojos y miserias para poder dedicarnos concienzuda y obsesivamente a nuestra microscópica aldea local: Mamá, Papá, Nené, y Nenas.

Nos encerramos dentro de ella bien sea haciendo pan en La Azulita, o una casa “ecológica” en la isla Margarita, y transcurrimos un lapso dentro del cual nos deterioramos, nos desfasamos, y perdemos más terreno aun frente a la chapucería, la chanflonería, la incultura, y el desprecio que existe a todo nivel por las personas preparadas que tal vez tendrían en sus manos posponer la hecatombe social.

Si aun con todo esto bien sabido logramos aislarnos tendremos que recurrir a los usos del medioevo porque no hay carro que marche sin gasolina ni repuestos cuando los requieren, no hay luz eléctrica que se pague con berenjenas, ni neveras que enfríen sin gases flourocarbonados (aquí en el tercer mundo como no sea a costas de más empobrecimientos y trapacerías miopes), por decir cualquier ejemplo a tontas y locas.

Pero ¡cuidado! No caigamos en la visión dualista de la vida, porque acabamos de asegurar que blanco y negro no existe y aun no hemos cambiado de opinión (tan hijos de la contradicción cómo somos). No. Puede haber una amalgama hasta psicodélica tal vez (pero no exageremos hoy) en la que se obtenga algo parecido al manido slogan de “vivir localmente pensando globalmente”, o algo del género. Puede ser.

El mono oportunista (por ésta vez sin alusiones raciales) se bajó del árbol en el que tan seguro comía su fruta porque ésta escaseó largamente y ya la esperanza no le engordaba la prole. En medio de su mal humor por culpa del hambre tuvo a tiro una lagartija y se la echó al coleto (que dicho de modo local quiere decir que se la zampó, se la comió, la engulló). Estoy seguro que fue una revelación de orden mayor, una epifanía, y el monito simpático y payaso se preguntó que cómo era que había vivido tanto sin darse un banquete así… Se dispuso pues a mejorar sus técnicas de cacería, enseñó a sus hijos y al resto del clan. Algunos, que hoy día duermen el larguísimo sueño de la extinción, le hicieron ascos a las lagartijas y terminaron poéticamente mal por aquello de que no tenían éxito frente a las necesidades de apareo por debiluchos (para que no me digan sesgado). Otros, que aun hoy dominan, aprendieron rápido que otros animales tienen más carne y se cazan con relativa mayor seguridad sobre todo si se les da con un palo en la cabeza o codillo, y mejor aun si a ese palo se le inserta una piedra afilada en la punta, y más aun si luego se pone la carne sobre esa cosa caliente que algunos llaman fuego.

Si nos fijamos en que el origen de la humanidad pudo haber tenido un inicio exitoso por la vía de la aldea local, también podemos ver que fue la masificación del conocimiento y la tecnología lo que perpetuó dicho éxito. Es decir, de lo local, a lo global. Pero tenían un secreto para no echar a perder su mundo con sus actividades depredadoras inherentes a la condición humana salida de un monito oportunista. Ya hablaremos de eso, si nos provoca y hay Quórum.

El éxito de la humanidad tuvo mucho qué ver con el asentamiento de clanes que en un principio defendía un conocimiento, una tecnología, una habilidad. He ahí (indudablemente) el germen del racismo, del clasismo, de las castas, y de toda la guirnalda de atrocidad que adorna el devenir humano. Porque a éste mundo se lo llevó el diablo desde que es mundo éste mundo, o ¿no? ¿Quién recuerda un par de textos de Voltaire por ejemplo? Pero ¡ajá! Existe un pero…, en la época de María Castañas la información era patrimonio de unos pocos, y aunque el mundo iba de la patada, éramos menos (éste es parte del secreto que tenían los hombres en la edad de piedra), y nos mermaban hambrunas y pestes, además de que al planeta le daba por invertir la polaridad, por organizar glaciaciones, por dejar caer diluvios (unos lo llaman ira de dios, y yo estoy pensando que esa ira la sentiría dios contra sí mismo por habérsele escapado una creación tan destructiva como lo es el ser humano), por prodigar erupciones volcánicas y terremotos, en fin, por tantos fenómenos naturales que mantenían a raya al comején humano. Y por otra parte los mismos comejenes humanos no manteníamos a raya utilizando las guerras santas, las conquistas, las cruzadas esas, las misiones evangelizadoras…

Lo difícil de comprender es que si sabemos que romperlo todo nos dejará a todos como los monitos puristas que no quisieron comer batracios, por qué seguimos haciendo desastres. Buena pregunta. No tengo respuesta a eso, porque no es que no se sepa, si hasta en Hollywood hacen negocio con ésta información. Creo que es inconsciencia auto infligida. Sí, es una acusación grave. No es homicidio culposo. Es genocidio con premeditación y alevosía con dos o tres agravantes que aburren por lo manoseados. Ya son lugares comunes.

En éste país por ejemplo tenemos un sistema de gobierno (le digo así porque así se llama, no porque lo sea) que no funciona. No funciona y punto. No funciona porque está basado en ideas románticas (en el mejor de los casos) que han probado una y mil veces que no operan como no sea bajo la presión ejercida entre el aislamiento y una poderosa represión terriblemente localista, y no es el caso. Se han venido formando mafias para todo, que medran a su antojo a la sombra cómoda del desgobierno. La administración no existe. El personal preparado está relegado a una segunda fila desde la cual (por mística, romanticismo, o auto engaño) intentan desesperadamente (y sin paga) preparar a los que están en primera fila cometiendo desmanes pardos de todo tipo (de todo tipo en verdad) y llenando sus arcas (cuentas en el exterior) a espaldas de la figura principal que terminará indefectiblemente como Juana de Arco por ser un pardo que ostenta su pardaje pero que quiere ser blanco, que gobierna un país pardo lleno de pardos que queremos ser blancos. Tal vez si lográramos enorgullecernos del carácter de pardo… Pero no, porque todo lo importado es lo que realmente vale incluyendo la comida importada por la petrolera de cuanto país se preste para las marañitas. El problema está ahí: es un gobierno del pueblo y para el pueblo. Lo que pasa es que el pueblo quiere ser gobierno para dejar de ser pueblo y llegar a ser blancos dominantes. O matones, como vimos más arriba.

Tratemos de ver el párrafo anterior con la terminología desprovista de la emotividad del insulto. Intentemos verlo como una descripción técnica utilizando la chocante terminología racial que conocemos bien.

En serio que es bonito ver una y otra vez al bobo de la cuadra llevarse su pelota cuando pierde su equipo o no lo dejan jugar. Es bonito verlo una y otra vez porque aprendemos de ello. Tanto, que estoy seguro que en la cuadra en la que vivía Einstein, había un bobo de tal calaña y dueño de la pelota. Sí, señoras y señores, amigos todos…, El bobo de la pelota es un personaje local que se sabe en desventaja pero que logra su inserción en el clan porque dicho clan quiere jugar a la pelota. El clan lo saluda, lo vitorea, le da la razón, no lo llama por su sobrenombre alias ni remoquete, hasta que se anima a sacar la pelota. Desde el momento en el que la pelota entra en juego la popularidad del bobo de la pelota cae en picado hasta el momento en el que es dejado de lado con desprecio y él, humillado y ofendido, se lleva la pelota a su casa y hay que inventar un nuevo juego… Bueno, tarde o temprano a alguien le regalan una pelota (no de tan buena calidad como la del bobo, pero sirve) y ahí sí que se jodió el bobo porque su popularidad sólo reflotará cuando se rompa la pelota de mala calidad que ahora anda en juego… Cierto dirigente debería verse en ese espejo, digo yo. Pero no hace falta ahondar en ésta parte. Es demasiado local.

El párrafo anterior sólo figura ahí para ilustrar el movimiento de lo global a lo local, y un segundo movimiento que va de lo local a lo global otra vez porque no existe un motor más poderoso que el descontento… ¡Eh! Cierto que ya se ha dicho y con razón que es el amor el mayor motor y el más poderoso, pero el descontento entra dentro del campo algebraico del amor indudablemente. Claro, está el amor con todas sus vertientes de contento, con su magnetismo mineral, con su exorcismo de la entropía. Y está el desamor con sus vertientes de descontento, con sus polaridades en posición de rechazo, y con la entropía misma como aliada. Por lo tanto, el descontento entra en la ecuación con un poder inmenso por vía doble: porque impele el cambio, el movimiento, de menos a más en pos de una mejoría por amor al clan…, muy relativamente hablando si me logro explicar, además de localista hacia globalizado.

Y es que si un individuo, clan, o sociedad, no logra el contento, tenderá a moverse hacia el contento con una fuerza histórica imparable. E indudablemente, mientras mayor sea el diferencial de potencial acumulado más brusco será dicho movimiento. Será como presionar un resorte y soltarlo de golpe.

Digo que la vida no es digital. Por lo mismo se deduce que es más o menos analógica. Lo que significa que los diferentes componentes de ella tendrían que ser recorridos no en cuantos, sino por medio de una oscilación tal vez pendular, pero no de péndulo simple. Se me ocurre aquí que la vida transcurriría como un péndulo de un sismógrafo, o el de Focault quizás… No sé, tengo que pulir eso.

Y es que sí, el movimiento debería llevarnos por parajes de la vida, que algunos habrán de ser globales (tratando de que nuestras acciones repercutan más positivamente, con toda la falta de objetividad debida, en una mayor cantidad de gente), otros serán locales lógicamente al comprobar que la humanidad es una mierda en proporciones alarmante razón que nos llevará a transitar el nihilismo sin dudarlo (y del nihilismo a la voluntad de poder y de ahí a la anarquía mal concebida, porque es que la hay bien concebida pero infuncional por utópica, y de ahí a lo que tenemos hoy en éste país tan desafortunado), y nuevamente a una globalidad menos irracional con menor cantidad de mesianismo que se irá moviendo en círculos centrípetos concéntricos hacia (invariablemente) una nueva localidad (desengaño mediante), que a su vez se moverá hacia otra globalidad con tintes locales o en distinta localidad, o lo que sea que resulte, pero siempre en movimiento.

Porque el secreto de los humanos de la edad de piedra es: pocos y nómadas. Como los gitanos. Como los nativos de las selvas húmedas. Como los Tuaregs. Como los bosquimanos del Kalahari.

Pero ¿estamos dispuestos a sacrificar nuestra quinta en urbanización cerrada? ¿Y nuestro poderosísimo automóvil con diez cilindros, 800HP, 320kph (para correrlos en carreteras llenas de huecos y asaltantes de caminos), y teléfono móvil ambiental? ¿Y dónde me dejas las tetas de goma y el bótox? ¿Estamos dispuestos a volvernos nómadas y pocos para salvarnos? ¿Y de quedarnos sin glamour? No, no, no, y no… Para eso están los buenos, los puristas que se niegan a comer batracios. Que se muden ellos y nos dejen aquí tranquilos y bien vestidos, acabando con todo…

Bueno, me precio y enorgullezco de ser un purista refractario al progreso indiscriminado, de carecer casi por completo del sentido práctico de la vida, de hacerle ascos a los batracios (no a todos), y de ser un individuo incómodo en más de un círculo social situación que de paso me divierte un poco.

Me sé cínico (esperanzado) y por ello infantil. Pero también me sé lúcido y ágil (y sin abuelita). Y aunque tengo tanto miedo como el que más, sé que en el movimiento, en la perpetuidad del cambio, en la flexibilidad y buena disposición para lograrlo (aunque me incomode lo indecible), en poder pasar por los infinitos estadios de lo global y de lo local, y luego al revés la mayor cantidad de veces, está mi mejor garantía de perpetuidad. Mi no extinción. Porque lo que soy yo, no me comeré nunca un sapo. Una rana tal vez, a condición de que sean sólo sus ancas.

Por eso cada vez voy más convencido de que de lo global y abstracto, a lo local concreto, no hay sino una interpretación, pues como lo estoy viendo, ésta localidad cada vez se me desdibuja más.

Es tiempo del péndulo.